JUNTA CENTRAL ELECTORAL JCE

Fabio Herrera Miniño

Una vez más los políticos perdedores de las elecciones, en sus desesperaciones cuando se le escapa su fuente nutricia de negocios y actos dolosos, la emprendieron con protestas callejeras en las calles. Ellos arrastraron su fuerza de choque de los lumpenes para renegar y rechazar los resultados adversos de las elecciones del pasado 15 de mayo.
Hace un mes, casi un 70% de los dominicanos inscritos en el Padrón Electoral de 6,7 millones registrados, acudimos muy tranquilos y confiados a depositar el voto en unas novedosas elecciones de tres boletas. Creíamos que por primera vez, pese a la complejidad para el conteo, toda iba a marchar sobre ruedas.
Vana ilusión. No se contaba con las incapacidades de los organizadores y ambiciones y metas de los políticos, que tenían sus objetivos ya determinados. Muchos fueron rechazados por los votantes que supieron darle las espaldas a quienes son muy golosos en sus planes de enriquecerse. Y es arrebatando los recursos públicos desde donde sea.
Las elecciones del día 15 de mayo fue la primera lección contundente del siglo XXI en contra de los políticos tradicionales. El mejor ejemplo fue lo ocurrido en el Distrito Nacional, donde el alcalde de 14 años en ejercicio fue derrotado por un recién ingresado a la política. Ese político novato, en tan solo 50 días, armó una exitosa campaña que atrajo a la mayoría de los capitaleños. Estos ahora están llenos de esperanzas para ver si su ciudad se rescata del estercolero en que fue hundida por el actual mandante.
Otra lección curiosa fue la abrumadora victoria del senador por la provincia de San Juan, pese a su conocida y larga cola de cohechos. Esta lo acompaña donde quiera que va. Esto se vio en esas marchas caravanas que el presidente Medina, en su exitosa campaña para la reelección, realizaba en su provincia natal. Allí evitaba en público reunirse con su senador que era colocado en la cola de la caravana.
Sin embargo, los votantes sanjuaneros le dieron de lado a esa realidad. Vieron en su senador el benefactor, que por los medios más variados acude en ayuda en sus necesidades que son muchas. La colectividad sureña, pensante y conocedora, arrastrará frente a los demás dominicanos la estigma de ser representados en el Congreso por un legislador supuestamente generoso.
Los perdedores, con sus protestas irascibles y hasta huelgas de hambre, que se postularon para diversos cargos municipales y congresuales, pero el votante los rechazó, pretendieron que su causa perdida se convirtiera en gananciosa con exhibiciones de violencia. También se manipularon a muchos periodistas condescendientes y amigos de los políticos derrotados para que sembrara la quimérica opinión de que era necesario borrar los resultados de las elecciones y llamar a nuevas votaciones generales.
La propuesta fue un desatino muy curioso y traído por los pelos. Tan solo para hacerse los graciosos con los políticos derrotados que sabían atender a sus simpatizantes en los medios. O que los políticos recibieron dinero en abundancia de sus patrocinadores a cambio de generosas retribuciones, cuando llegaran a los cargos no logrados.
Entonces, a nombre de la paz social, se quiso sembrar la idea de llevar a cabo nuevas elecciones. No se sabe a qué costo para volver al sistema manual de conteo que tantas trapisondas se gestaron a su sombra. Pero la sensatez dominó a los responsables. La sugerencia se consideró como una más para engrosar tantas opiniones y sugerencias, que para estos eventos electorales, fueron evacuados por los que de una forma u otra siempre tienen algo que pescar en mar revuelto. Tan solo ha sufrido el moderno sistema de conteo electrónico, que a un costo muy elevado y gratificantes comisiones, quiso imponerse por la tozudez y el egocentrismo del presidente de la JCE. Pero no hubo condiciones para hacer tal cosa y los resultados fueron las protestas dirigidas por los políticos derrotados y la incapacidad e ignorancia comprobada de los organizadores.
Los políticos perdedores en sus desesperación por haber sido derrotados por un poder avasallador solo supieron desacreditar al país con sus demandas al querer perturbar la celebración de la asamblea anual de la OEA que concitó cierta atención hemisférica por no incluirse el delicado y palpitante tema de preocupación por la situación política y humana de Venezuela.

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