Luis Alfredo Collado

Luis Alfredo Collado

Por Luis Alfredo Collado.-Los visitantes que vienen de Santiago a los pueblos de La Sierra, si son observadores notan que para llegar a Sabana Iglesia, Jánico y San José de las Matas, hay que bajar. Eso indica que nuestros municipios están entre hoyos.

Pero si le preguntan a sus habitantes, seguro que la mayoría casi absoluta no admite que vive en un hoyo.

Antes cuando la rivalidad irracional entre “janiqueros y materos”, era aún más acentuada, en San José de las Matas solían decir que en Jánico no se podía comer sopa, se referían al desnivel del terreno donde están construidas las viviendas. Resulta que la “Alegre Capital de La Sierra” también padece la misma condición aunque en menor proporción.

A parte de que Sabana Iglesia, Jánico y San José de las Matas, comparten la misma condición de estar en zonas bajas, también tienen en común que sus entradas están marcadas por cementerios, calvarios y santos.  Parecería que son pueblos supersticiosos y santeros, pero no es así. Aquí esas prácticas son poco comunes.

Ninguno de estos pueblos está a la vista, este privilegio solo lo tiene Juncalito, su área urbana es como una atalaya, desde donde se ve gran parte de la Cordillera Central, el Valle del Cibao y obviamente la ciudad de Santiago. Este distrito municipal es diferente, se fundó en una ladera, se ve de todas partes, pero no escapa al rigor regional de lo sagrado. Su cementerio también está en la entrada, y las cruces hacia la salida para terminar en el emblemático Cerro del Cacique.

Algunas características lo hacen único, cuando llueve no hay problemas por inundaciones, el agua corre naturalmente pueblo abajo sin encontrar donde detenerse, las mujeres no usan tacones y los niños no montan bicicletas ni patinetas. Es que sus calles son pendientes “encementadas” y no son favorables para estas cosas.

Puede que la preferencia de vivir en zonas bajas, en orillas de ríos y arroyos, tenga una conexión con la cultura taína que tuvo mucha presencia en estas tierras. Mientras las cruces y calvarios son herencia del pasado español que tiene antecedentes en La Sierra, en dos momentos de su historia, primero en 1494 cuando fundaron la Fortaleza Santo Tomás, y después entre 1604 y 1605, cuando los criollos se refugiaron en estas lomas.

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