Imagen Ilustrativa/ laicismo.org

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Yo soy católico, educado en colegio y universidad católicos, pero soy también un ciudadano que desea lo mejor para su país.

Por eso no puedo aceptar la lógica que quieren imponernos las religiones sobre temas que, como la salud pública o la educación, son decisiones de Estado.

El Estado debe legislar para todo el mundo, sean practicantes religiosos o no, sin importar el credo que profesen, pero no puede imponer una particular visión religiosa del mundo sobre todo en temas que afectan la intimidad y la libre decisión de la gente.

Las iglesias pueden imponer a sus fieles sus particulares creencias e incluso expulsar de sus templos a los que no cumplan con ellas. Personalmente, por mis creencias, jamás autorizaría un aborto alegre de una de mis hijas, pero no soy nadie para imponer ese punto de vista a los demás.

Todos estaríamos protestando si mañana elegimos a un musulmán como presidente y pretendiera cambiar nuestra forma de vida para adecuarla a su particular criterio de ver el mundo. Es lo mismo con cualquier religión o creencia.

Las iglesias pueden ejercer un magisterio en los campos de su competencia, pero jamás imponer a toda la ciudadanía, incluyendo a la parte que no piensa como ellas, sus particulares puntos de vista.

A decir verdad, debieran concentrarse en que sus fieles sean dignos hijos de Dios, porque ahí es que están los que abortan y hacen otras cosas que abominamos.

Los temas de salud y educación son decisiones de Estado.

Por Adriano Miguel Tejada /  Diario Libre

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