Pablo Larraín, director de "Neruda". Credit Emily Berl para The New York Times

Pablo Larraín, director de “Neruda”. Credit Emily Berl para The New York Times

CANNES, Francia — El director chileno Pablo Larraín llama a “Neruda”, su más reciente película, “la antibiografía”. El filme que va y viene entre la realidad y una gloriosa fantasía inicia en 1948, poco después de que el poeta Pablo Neruda (interpretado magníficamente por Luis Gnecco) se ve obligado a esconderse. Después de condenar de manera violenta (y muy pública) al presidente chileno Gabriel González Videla, Neruda, comunista y senador, se convierte en enemigo del Estado. Perseguido en el senado y en su hogar, Neruda huye con su esposa artista, Delia (Mercedes Morán), y los dos se escabullen en la clandestinidad mientras los persigue un policía presumido (interpretado por Gael García Bernal, la estrella de “No”).

En “Neruda”, Larraín se mantiene alejado de clichés y logra crear una película emocionante que coloca al artista chileno en un momento específico de la historia mundial y lo muestra como el poeta de la gente: de los intelectuales serviles, los trabajadores en huelga y las prostitutas fervientes. La película se presentó en La Quinzane des Realisateurs (La Quincena de Realizadores), una prestigiosa sección paralela al Festival de Cannes, donde Larraín, de 39 años, participó en 2012 con “No”, la última parte de su trilogía sobre la dictadura de Pinochet.

Hace poco hablé con Larraín sobre la autobiografía, el cine y por qué “Neruda” (mucho mejor que muchas de las películas en la competencia oficial del Festival de Cannes) no fue parte de la selección principal. Estos son algunos fragmentos de nuestra conversación.

No querías hacer una biografía en sentido literal, ¿por qué?

Me parece que las películas biográficas son muy peligrosas y he disfrutado muy pocas. Créeme, leí cuatro biografías; leí su autobiografía, un libro hermoso. Hablé con gente que lo conoció, leí cientos de ensayos de su vida e hice una película que se titula “Neruda”.

Puedo decirte en este preciso instante que no tengo idea de quién era porque Neruda es inasible; es imposible encasillarlo. Puedes hacer 100 películas y nunca podrías lograrlo. Y cuando uno entiende eso gana una enorme libertad. Por eso decimos que esta es una película “nerudiana” porque para nosotros, en mi país y en mi idioma, Neruda fue un hombre que creó un microcosmos de una complejidad extrema y profunda.

Neruda fue un cocinero extraordinario y era experto en vinos, experto en literatura, experto en novela policiaca. Era un gran coleccionista. Tenía tres casas, todas convertidas en museos, y son de las más hermosas del mundo.

Su poesía es muy diversa. Escribió sobre múltiples temas de maneras distintas, por lo cual es extremadamente complejo. Es por eso que optamos por concentrarnos en los poemas llenos de ira y furia, que mezclan la política y la ideología con la poesía, y no en los que se han traducido y que se conocen en todo el mundo, sus poemas de amor. Queríamos recrear un absurdo, un espacio que escapara a la realidad.

¿Podrías hablarnos un poco de tu actor principal, Luis Gnecco? El parecido es sorprendente. ¿Usaron prótesis?

Solo una peluca; él es calvo. Es curioso porque he trabajado con él muchas veces; también aparece en “No”. Gnecco es un hombre que ha luchado con su peso toda la vida. Por fin logra ser delgado y yo lo busco y le digo: “¿Quieres hacer esta película?” Él me dice: “Claro, hermano”. Pero, le digo: “Tienes que subir 25 kilos”, lo cual es muchísimo. Me miró y me dijo: “Pablo, acabo de lograr esto, me tardé un año”. A lo que yo contesté: “Lo siento, hombre, pero Neruda era un tipo que disfrutaba la vida, tienes que hacerlo”. Y lo hizo y volvió a bajar (de peso), lo cual es fantástico. Era importante. No puede haber un Neruda flaco.

La película me pareció un tanto violácea, como cuando las películas antiguas tienen un tinte rosado. ¿Esa era tu intención?

Un poco. Nosotros preferimos decir “lila”, en lugar de violácea. Tomas rojo y azul y lo filtras. Y entonces en la corrección de color lo convertimos en un verbo: “liléalo”. “¡Le falta lila!”. “¡Ah, regrésate!”. No queríamos que fuera demasiado, así que buscamos el equilibrio adecuado para llegar a estos colores.

¿Crees que alguna vez harás una película sobre Salvador Allende?

Por ahora no creo. He pensado en hacer una película sobre Pinochet, pero no creo hacerlo nunca. El problema es que si haces una película acerca de un personaje como ese, tienes que generar una cierta empatía, compasión, respeto, y yo nunca podría hacer una cosa así. No puedo. Siento demasiada rabia y odio.

En 2012 mencionaste que habían recibido algunas críticas porque tus padres son de derecha y tu padre es senador. ¿Tu padre sigue siendo senador?

Sí. Lo que pasa cuando haces películas como “No”, por ejemplo, es que la gente espera que una película que llega a un público internacional (y cuenta la historia para aquellos que no la conocen) debe reflejar la percepción que ellos tienen. Y algunas veces la película no lo hace como ellos quisieran y eso les molesta. Recuerdo que hubo alguien que dijo que era basura ideológica. Me pareció genial. El cine no está aquí para hacer eso. Yo no estoy aquí para decirle a la gente qué pensar. No quiero cambiar nada. Ni siquiera quiero asumir la responsabilidad. No creo en la responsabilidad. Creo en el respeto, que no es lo mismo.

Y entonces ¿por qué tu película no estuvo en la competencia oficial en Cannes?

(Larraín me mira y sonríe sin disimulo). Claro… lo que sucede en privado debe mantenerse en privado. Lo que es muy molesto, más que no estar en la competencia, es contestar esta pregunta en 15 entrevistas. Nosotros hacemos películas, no las seleccionamos. Hablamos con los encargados de hacer la selección en Cannes y no llegamos a un acuerdo. Y a Edouard Waintrop, de La Quincena de Realizadores, le encantó la película. He estado ahí en tres ocasiones y es como todo en la vida, uno va donde se siente amado y protegido.

Tomado del Periódico The New York Times

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