Motivar la lectura (Misaki Kawai)

Motivar la lectura (Misaki Kawai)

Por

Este verano mis hijos tienen que leer. Están en medio de las vacaciones de la escuela, y quiero que las disfruten, pero también quiero que sean capaces de retomar su educación donde la dejaron cuando la escuela comience de nuevo.

Los niños que leen durante el verano pierden menos habilidades que los que no lo hacen. Esto es especialmente importante para los niños de familias de ingresos bajos y para aquellos con problemas de lenguaje, como mi hija pequeña. Cuando leer es difícil, casi todo lo demás también lo es. Conforme los nuevos lectores avanzan desde la decodificación textual hasta leer con fluidez, cada asignatura, desde Matemáticas hasta Historia, se hace más accesible, pero solo con la práctica se llega ahí.

Mis hijos (de 15, 12 y dos de 10 años) tienen una cantidad envidiable de tiempo para leer, y muchos libros de dónde escoger. Sin embargo, ya está quedando claro que más allá del apuro a finales de agosto por cumplir con sus tareas, es muy probable que den la vuelta a muy pocas páginas a menos que yo haga algo, ¿pero qué?

La respuesta a la que recurren muchos padres es el soborno. Si quiero que mis hijos lean, pero ellos prefieren hacer otra cosa, un incentivo parece una solución sencilla. En una encuesta llevada a cabo por una editorial educativa del Reino Unido, 60 por ciento de los padres de niños entre 3 y 8 años de edad admitieron que ofrecen premios a sus hijos por leer. Un encuesta todavía más informal entre mis amigos y conocidos (es decir, les pregunté en Facebook) reveló que hay padres que pagan por libro, minuto o página a cambio de una variedad de cosas que van desde juguetes hasta tiempo frente a una pantalla, así como dinero en efectivo.

Sin embargo, las investigaciones sugieren que pagar a los niños por hacer cosas que alguna vez disfrutaron puede resultar contraproducente. Estudio tras estudio demuestra que los niños a quienes se les premia por actividades como colorear las hacen a un lado cuando ya no hay tal premio, mientras que aquellos a quienes no se premia continúan con las actividades por pura diversión.

“Si le pagas a los niños por leer, ciertamente harás que lean”, dice Edward Deci, el autor de Why We Do What We Do y profesor de psicología en la Universidad de Rochester. “Seguirán leyendo mientras termines con el experimento, y después lo dejarán”. Los premios alientan a los niños a ver la lectura como algo por lo que hay que recibir un pago, no como algo placentero en sí mismo, sostiene.

Si ofrecer un incentivo para leer es una idea tan mala, ¿por qué parece ser tan común, incluso entre padres que están conscientes de sus peligros?

Tal vez muchos padres tendemos a valorar demasiado las ganancias a corto plazo por encima del aprendizaje a largo plazo (nótese nuestra tendencia a “ayudar” a nuestros hijos con la tarea). O tal vez solo sabemos lo importante que es leer, y nos importa más que nuestros hijos sean buenos haciéndolo a que les encante.

Algunos expertos de hecho concuerdan en que los premios pueden ser útiles, en especial para los pequeños que están aprendiendo. “Creo que subestimamos el poder de la motivación extrínseca”, señala Rahil Briggs, director de Salud Conductual Pediátrica en el Centro Médico Montefiore en el Bronx. “Deseas que tu hijo sienta una fascinación natural, y algunos la sienten, pero otros pueden beneficiarse con un empujoncito”.

¿Qué pasaría si, en lugar de enfocarnos en desarrollar un amor a largo plazo por la literatura, nos concentramos en el acto a corto plazo de la lectura misma?

Eso podría cambiar los cálculos de los padres, dice la Dra. Briggs. Algunas investigaciones sugieren que los premios externos funcionan bien para las intervenciones a corto plazo. “Uno de los problemas de la motivación extrínseca es la necesidad de subir la apuesta inicial para obtener los mismos resultados”, afirma. Sin embargo, el verano tiene un fin natural, y luego la escuela comienza de nuevo.

La Dra. Briggs dice que si los padres quieren ofrecer premios por leer, estos no tienen que ser necesariamente dinero, dulces o juguetes. “Podría ser ir a la biblioteca con papá, y que ese tiempo solos sea parte del premio”.

Esos premios inmateriales pueden ser los más efectivos. El Dr. Deci, de la Universidad de Rochester, y su colega y colaborador, Richard Ryan, sugieren que si leer es algo que los padres valoran, entonces es el valor, más que la práctica y la habilidad, lo que hemos de enfatizar. El “soborno” de una excursión con uno de los padres, o un momento especial de leer juntos o charlar sobre un libro, transmite la importancia de la lectura, considera el Dr. Ryan. “Cuando reservamos un tiempo para leer, o ponemos límites a otras actividades, estamos demostrando a nuestros hijos que los estamos apoyando para que desarrollen una habilidad importante”.

Tomado del Periódico The New York Times

Deja un comentario