Justo Botanica, East Harlem, New York (Foto Credito: Osiris Rodríguez  / @LosMatenses)

Justo Botanica, East Harlem, New York (Foto Credito: Osiris Rodríguez  / @LosMatenses)

Los santeros y “brujos” son parte de las creencias de muchos hispanos, pero la falta de regulaciones hace que algunos farsantes hagan de las suyas

Yokasta Montero no cree en doctores ni en especialistas porque asegura que los medicamentos que le dan para calmar las dolencias de la artritis que la consume hace varios años no le sirven para nada. Su fe está volcada hacia los curanderos, a quienes acude desde muy joven cuando vivía en San José de las Matas, en República Dominicana.

Lo mismo ocurre con la ecuatoriana Zoila Morocho, quien asegura haber sido testigo de cómo su hermana fue salvada por una curandera luego de haber sido deshauciada. Ella también cree que eso del “mal de ojo” que le pasa a muchos niños, como a la pequeña Alaida Baque, de cinco meses, quien murió hace una semana en el hospital Elmhurst, supuestamente tras haber sido llevada a una santera, no son puros cuentos

Aunque las creencias en curanderos y poderes divinos están presentes entre muchos latinos, hay quienes se preguntan si ellos realmente son seres dotados de virtudes especiales dadas por Dios o si simplemente se aprovechan de la debilidad y la vulnerabilidad de la gente.

La profesora Irma Peguero, una de las curanderas más reconocidas de Washington Heights, quien a sus 73 años ha atendido a miles de personas en busca de ayuda, asegura que en la Gran Manzana hay líderes espirituales serios con capacidad de curar, pero también hay muchos farsantes que incluso ponen en riesgo la vida de la gente y de paso quiebran sus bolsillos.

Soy curandera porque me ha sido revelada muchísima medicina para ayudar a resolver cualquier dolencia y mitigar enfermedades físicas y del alma”, comenta la dominicana, dedicada a la curandería hace 54 años, quien afirma que además del “mal de ojo” y asuntos del corazón y de dinero, la gente acude a buscar alivio en enfermedades como el cáncer y la diabetes.

Pero el incidente con la muerte de la pequeña Alaida, que está siendo manejado por las autoridades como un presunto homicidio, en el que sus padres y la curandera que trató de aliviar el “mal de ojo” son investigados, parece haber reabierto la discusión sobre la necesidad de una regulación efectiva sobre este tipo de prácticas.

En Nueva York hay muchos curanderos que prestan sus servicios en sus propias casas y aunque hay otros que trabajan en botánicas, la Ciudad no los regula, pues funcionan simplemente como corporaciones comerciales tramitadas ante el estado, algo que le preocupa a líderes políticos.

El presidente de la Comisión de Asuntos del Consumidor del Concejo de Nueva York, Rafael Espinal, aseguró que ante el vacío legal que controle las actividades de los curanderos, no solo es necesario crear una normativa que rija su trabajo sino que es urgente que la gente entienda que los santeros no son médicos.

“Debemos educar a la comunidad sobre este tema y yo personalmente exploraré la posibilidad de legislar a favor de reglas que regulen esta industria para alertar y educar a los consumidores que un curandero no es un doctor”, dijo.

“Respeto las creencias santeras apoyadas por las botánicas y que han sido parte de las culturas hispanas por generaciones, pero no podemos poner en peligro el bienestar de nuestros niños usando la santería como un método médico de salud. De ninguna manera podemos permitir que los niños estén a merced de curanderos”.

Y atendiendo su consultorio espiritual en el Alto Manhattan, la profesora Irma defiende su práctica de curandería haciendo el bien, y aunque considera que su derecho de curar le fue dado desde que nació por un asunto divino, tiene una licencia del estado como cualquier otro negocio para seguir la ley.

“Yo no necesito licencia de nada. La más grande es la de Dios todo poderoso, pero igual tengo una corporación registrada”, comentó la curandera, al tiempo que le sugiere a la Ciudad que para garantizar que los creyentes no sean víctimas de farsantes, haya una comisión de expertos que comprueben si quienes se dedican a la curandería son licenciados espirituales o puros charlatanes.

“Estoy de acuerdo con que se cree algo así y creo que para evitarse problemas los curanderos deben de tener su licencia registrada y demostrar que son personas capacitadas”, aseguró la profesora Irma, dejando claro que ella no es ni bruja ni charlatana.

“Los curanderos reales solo hacemos el bien. Los que hacen el mal son brujos y todo lo que hagan para aprovecharse de los demás lo van a terminar pagando caro”, concluyó.

DATOS

  • El Departamento de Asuntos del Consumidor de Nueva York no regula ni otorga licencias a negocios dedicados a la curandería.
  • En Nueva York existe la ley de protección al consumidor de la ciudad que prohibe publicidad engañosa y errada, por lo que si una persona siente que un curandero lo está estafando puede usar su derecho a la protección.
  • Las autoridades de la Ciudad le piden a las personas que sean víctimas de falsos curanderos levantar quejas y denuncias llamando a la línea 311 o através de internet en la página nyc.gov/consumers.‎

Fuente: Eldiariony.com

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