José Acosta Castellanos (Diario Libre/Aneudy Tavárez)

José Acosta Castellanos (Diario Libre/Aneudy Tavárez)

Grato es el privilegio que Dios me ha dado, al permitirme nacer y vivir en este terruño encantado, en el que convivimos tantos y tan disímiles coterráneos y no nacionales, donde todavía escuchamos cantos de aves al amanecer, gallos que con su estridente clamor nos animan a poner a la Nación en plena jornada productiva, gente noble que aún nos invitan a una tacita mañanera de café, gente humilde que se alegra cuando, con mi honroso Uniforme Gris, me les acerco de manera amable para darles un saludo de afecto y de amistad, en procura de esa necesaria unión y armonía que ha de haber entre pueblo y uniformados.
Si me pidieran volver a nacer, con gusto exhaltaría mi sangre dominicana, pidiendo ser dominicano y nacería en el mismo pueblito encantado de SOSÚA, Puerto Plata, tal como todos los aquí nacidos consideran a su pedacito de tierra, ya sea en Bánica, en Restauración, Cambita o Bayaguana.
Porque nuestro suelo Patrio es parte integral de nuestro Ser. Esta, nuestra Nación, hoy se encamina por un verdadero sendero de cambios dinámicos de carácter social, expresado esto, en jornadas extendidas en las Escuelas, que significan no sólo un tremendo ahorro para los padres y madres dominicanos, sino que son una gran oportunidad para comenzar a descontar todo ese tiempo perdido en nuestra juventud, mismo que se venía dilapidando en horarios que apenas alcanzaban 2 y a lo sumo 3 horas de clases por día.
Y, mi Institución no está ajena a estas transformaciones. Hoy tenemos nuevas doctrinas, que no teníamos, basta ponerlas en ejecución con dedicación y esfuerzo, donde cada uno de nuestros comandantes, pongan empeño en servir y a no servirse, en motivar a nuestros hombres, escucharlos, conocer sus debilidades, sus necesidades, orientarlos como verdaderos Padres, en labores gerenciales, algo difícil, pero no imposible, porque muchos hoy se resisten a cambiar, muchos se resisten a servir, pero ante esa disyuntiva de servir o sobrevivir, debemos lograr ese nivel de motivación, donde lo primero sea el norte de nuestros hombres.
Ser comandante, no es sólo tener un rango o distintivo que nos identifique ante los demás, ser comandante implica, mando y sabia dirección, donde la orientación, el consejo, la armonía y la empatía, sean elementos esenciales del accionar.
Esta Nación bajo guía Sabia y Oportuna de nuestro Jefe Supremo, será capaz de seguir brillando y trillando éxitos continuos.
Se puede.

Tomado del muro de facebook del General José Acosta Castellanos

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