bajo-aguaPor: Fabio Herrera Miniño / Hoy

Es una constante en el país, que debido a la irresponsabilidad de los políticos y en consecuencia de las autoridades, que los huracanes, cuando azotan al país, desnudan la triste realidad de miles de personas. Estas se ven afectadas por las crecientes de los ríos, los vientos y deslizamientos de tierras. Esas son las consecuencias de que no hay autoridades responsables que impidieran esos asentamientos en terrenos públicos e inadecuados para la vida a orillas de los ríos.
Lo que acaba de ocurrir con el huracán Matthews, en su paso por el mar Caribe por la costa sur del país, es una repetición casi anual de lo que ocurre cuando los huracanes nos azotan. Las imágenes de los noticieros televisivos, que con tanta eficacia cubren los desagradables eventos, resultan similares a los de años anteriores. Pero ahora, con la presencia de más informadores, tratan de buscar algo diferente a la tragedia humana de los damnificados.
La semana pasada, como en años anteriores, se repiten los mismos sucesos de ver a centenares de infelices desplazados, llorando la pérdida de parientes, de sus viviendas con los ajuares por haber construido en terrenos prohibidos de propiedad pública y a orillas de los ríos y cañadas, sin que las autoridades se lo impidieran. Y es que por las implicaciones de un populismo mal entendido, los políticos funcionarios nunca han dado órdenes para desalojarlos, sino que los alentaban y luego les instalaban los servicios eléctricos, de agua y teléfono, hasta le hacen aceras y contenes y les asfaltan sus callejones.
La ira de agua sirve para poner al desnudo la irresponsabilidad de los políticos, que en los pasados 55 años han convertido en un juego la muerte de decenas de infelices. Estos quedan atrapados en las aguas turbulentas de los ríos, y por no perder sus ajuares se resisten a la evacuación y prefieren arriesgarse desafiando esas aguas. Terminan arrastrados por las mismas o son aplastados por paredes o rocas para sucumbir, sin que los políticos se sientan culpables de esa tragedia.
Entonces, con la excusa de haberlo perdido todo, y el ver que el gobierno acudió en ayuda a los moradores de La Barquita, desde ahora todos esos damnificados de la capital y otros pueblos de la presente tragedia natural, con asentamientos a orillas de ríos y cañadas, pondrán sus esperanzas en las presiones y demandas a los políticos gubernamentales. Todo para lograr que los reubiquen y los alivien de sus precariedades. Ellos mismos se buscaron sus penurias y malas fortunas.
Esos potenciales damnificados estuvieron alentados por los políticos para que abandonaran la seguridad de otras zonas del país. Decidieron establecerse en zonas que las autoridades no se lo prohibieron. Preferían hacerse de la vista gorda y en nombre del populismo, los alentaron a una acción prohibida por ley. Y con los resultados que ellos han visto de cómo actúan los gobiernos para reubicarlos con la construcción de cómodas viviendas que luego ni siquiera pagan. O las traspasan para retornar a su mugre. Los casos de La Ciénaga y de La Barquita están muy presentes en las mentes de esos desposeídos. Ellos procuran que los políticos del gobierno de turno los tome en cuenta para que les sea premiada su ilegalidad.
La ira del agua en la temporada de huracanes en el Caribe la olvidamos muy fácil. Nos toca repetir cada año las mismas tragedias y con la angustia de las autoridades de turno que ocultan su populismo que disfrutan de los desastres naturales para acudir, con muchas fotos, en ayuda con materiales de construcción, ajuares de casas y comidas para los damnificados. Y algo de toda esa ayuda se les queda en la uñas. Y todo por culpa de la irresponsabilidad de los políticos que ocultan esos fallos y luego se exhiben en sus actividades públicas como salvadores por haber socorrido a los que sufrieron en carne viva la furia desbordada del agua.
Para concluir me permito hacer mío este párrafo del artículo del excelente intelectual, e incisivo crítico de los padecimientos políticos actuales, Andrés L. Mateo, del pasado jueves 8 en esta páginas: “Como un dinosaurio que expira hundido en el fango, la palabra se me ha quedado atragantada, inútil y artrítica para responder a quienes cargan a tu cuenta estos muertos del agua”. Y el sazón para tantas muertes y destrucción la han suministrado el populismo de los políticos irresponsables.

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