Luis Alfredo Collado

Luis Alfredo Collado

Por Luis Alfredo Collado.-Los países más corruptos son los más sacudidos por la violencia, delincuencia y las secuelas del tráfico y consumo de drogas. Los malos ejemplos de impunidad y robos de funcionarios al erario, son los que en gran medida engendran esos males.

En ese renglón está la República Dominicana, el país ocupa los primeros lugares en corrupción, delincuencia, inseguridad y homicidios.  Y lo peor es que los políticos corruptos forrados de testaferros que le encubren el dinero que le robaron al pueblo, se han dado a la tarea de hacerle creer a la gente que es un fenómeno global del que no tenemos escapatoria.

Lo dicen porque no han sido capaces de establecer un clima de orden, seguridad y respeto. Tanto es así que los organismos de seguridad cayeron en un preocupante descredito y se hacen cada vez menos confiables para la sociedad.

Esa cultura de la maldad, el crimen, la delincuencia común y la de cuello blanco está llevando a la nación a un abismo inexorable donde ya nadie confía en nada. El enriquecimiento ilícito ya es un modo de vida que ha sustituido a los mejores valores.

Tenemos un país lleno de banqueros ladrones, empresarios delincuentes, policías atracadores, funcionarios inescrupulosos y muchachos envenenados con la pestilencia del bajo mundo. Esto es espantoso, antes no era así.

Pero la gente sigue creyendo que estos son males globales. Se conforman con que México, Venezuela, El Salvador, Paraguay, Honduras, Colombia y Haití, están peores. Lo que no hacen es compararse con otros de la región donde sus gobiernos son funcionales en términos de seguridad y la gente muestra una forma de convivencia pacífica y civilizada como Chile, Cuba, Costa Rica, Antigua y Barbuda, por solo citar algunos en ambos casos.

La República Dominicana, llegó al extremo de que lo ilícito ya es una industria. Hay gremios de mafiosos que controlan la vida nacional, en el gobierno, las instituciones y los bandidos de los barrios y campos.

Las bondades del desarrollo económico, intelectual y tecnológico, quedan opacadas con los males sociales. Eso debe ponernos a reflexionar.

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