Rafael Molina Morillo

Rafael Molina Morillo

No sé si es leyenda o si se trata de un real episodio histórico, pero recuerdo que en la clase escolar de Historia Patria se nos enseñó que el prócer Ramón Matías Mella, postrado en su lecho de muerte, escuchó a lo lejos un tiroteo contra la Anexión a España y exclamó la famosa frase: “¡Todavía hay Patria, viva la República Dominicana!”. Fueron esas sus últimas palabras.

Salvando las distancias y las circunstancias, he sentido dentro de mí la misma sensación de esperanza que animó a Mella en aquella ocasión para expresar su fe en la supervivencia de nuestra Patria.

¿Cuál acontecimiento, se preguntarán mis amables lectores, aviva mi fe para creer que todavía hay Patria a pesar de tantas señales ominosas y deprimentes en medio de las que se debate el acontecer dominicano?

Ese acontecimiento no es otro que la vibrante y valiente voz de la nueva juventud dominicana encarnada en la flamante diputada al Congreso Nacional, Faride Raful.

Su filípica de la semana pasada para denunciar la inobservancia de los reglamentos de su cámara legislativa, y la poca seriedad de sus colegas acostumbrados a las componendas y los arreglos por debajo de la mesa, ha de marcar un antes y un después en la conducta muchas veces vergonzosa de nuestras cámaras legislativas.

¡Adelante, Faride! Y los demás, que sigan tu ejemplo, que se armen de valor y que revistan de ética sus intervenciones en el areópago en que les toca actuar.

Por: Rafael Molina Morillo / El Día.

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