Pablo Neftalí Cruz durante un partido del torneo otoño-invernal en el estadio Quisqueya, donde asiste con asiduidad.

Por Nathanael Pérez Neró.

Es tan difícil identificar el talento adolescente que puede alcanzar las Grandes Ligas que de acuerdo a la NCAA apenas uno de cada 6,600 jugadores del bachillerato en los Estados Unidos llega al Big Show.

Por 43 años, Pablo Neftalí Cruz se ha dedicado al oficio de cazatalentos en América Latina y la calidad del material que ha descubierto o del que ha influenciado para firmar le dan la categoría premium entre los ojos de águilas.

Tony Peña, Moisés Alou, Aramis Ramírez, José Guillén, Félix Fermín, Pascual “Cutá” Pérez, José de León y Orlando Merced cuelgan en el listado de más de 40 bigleaguers activos y retirados que Cruz vio entre cientos de miles de jóvenes con características similares.

Alou, tomado como segunda selección del sorteo de 1986, pensaba irse a la universidad y Cruz lo convenció de aceptar la selección de los Piratas

Una trayectoria que le valió convertirse en las pasadas Reuniones Invernales de Washington este mes en apenas el tercer dominicano en ser distinguido con el premio al Scouts del Año, un reconocimiento que solo han ganado a nivel internacional Epifanio Guerrero (2008) y Rafael Ávila (2006).

Si bien ya no recorre cada rincón del país detrás del talento como hacía en los 80’s y 90’s, con 69 años de edad, Cruz sigue con las condiciones intactas para identificar y hoy trabaja para los Azulejos de Toronto coordinador de desarrollo, un empleo que se lo asignó un ex jugador que él firmó, Sandy Rosario, director para América Latina. No pone primero una condición física cuando se le pide una característica que busque en un jugador cuando lo evalúa sino que menciona el gotta feeling (presentimiento).

“He firmado muchísimos jugadores con todas las herramientas que se quedaron en el camino, porque este juego es 99.5 mental, la gente todavía no quiere entender eso, que si el hombre interior que tiene uno dentro y el mismo Espíritu de Dios no lo alimenta se le hace un poco difícil llegar y si llega dura poco”, reflexiona Cruz, un cristiano devoto que no desperdicia la más mínima oportunidad cuando tiene que hablar para dar crédito al factor espiritual.

“Lo que sigues son las habilidades, el brazo, pierna, el potencial, el swing. Después ya las cosas técnicas se van a regular, lo primero lo que uno ves es como un gusto en el corazón, hay que experimentarlo”, dice Cruz tratando de explicar un sentimiento similar al eureka que mencionaba el físico griego Arquímedes de Siracusa en la antigüedad clásica.

Del fax al iPhone

Firmado en 1965 por los Piratas, este infielder francomacorisano jugó en ligas menores con los bucaneros hasta 1978 y en la pelota dominicana vio acción en 11 campañas con el Licey y cuatro con las Águilas.

La carrera de Cruz había comenzado en 1973 a medio tiempo aún siendo jugador y en 1978 lo asumió como su empleo principal.

Era una época en la que tenía que ir a ver a los jugadores, hacer reportes y esperar al día siguiente para hacer llamadas a los Estados Unidos, describir a los jugadores y esperar respuesta. Un proceso lento que asegura le evitó firmar otros grandes jugadores, pero que en que la actualidad la tecnología permite seguir los showcase en tiempo real.

Si bien la mayor parte de su carrera la trabajó para los Piratas, también estuvo seis años entre los Expos/Nacionales, cuatro con los Mets, dos con los Padres, un mes con los White Sox y en la actualidad trabaja con Toronto. Uno de sus hijos, Ismael, es el actual gerente de los Gigantes del Cibao.

Recuerda como un historiador el mínimo desempeño de sus pupilos más adelantados al igual que las grandes oportunidades que han tenido dentro de la industria gran parte de aquellos que no llegaron y que les dan un trato de “papá”.

Y las curiosas como el venezolano Wilson Álvarez. “Se ha casado con dos Miss Universo y una Miss Venezuela. Le digo, ‘esos US$2 mil sin han dado frutos’”.

“Es un premio no mío, sino de mucha gente, escuchas, entrenadores, agentes y del país, pero sobre todo de Dios”

Pablo Neftalí Cruz

El accidente mortal

El 21 de agosto de 1974 en Salem, Nueva Inglaterra, Cruz buscaba un elevado que se internaba en los jardines y su rodilla hizo contacto con el guardabosque Alfredo Edmead, de 18 años, y quien también lo buscaba. Edmead, murió en el accidente al tragarse la lengua y provocarse un sangrado por la boca y la nariz. Delvis McCadden, árbitro de la primera base en ese partido, dijo en una entrevista en 2014 con el The Roanoke Times que recordaba a Cruz llamando a Edmead en el suelo, llorando de forma desesperada, antes de ser llevado al hospital donde fue declarado muerto.

Fuente: Diario Libre

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