Por Vianco Martínez/Especial para Acento.com.do.

De aquellos tiempos difíciles en que su hijo, Amaury Germán Aristy, fue perseguido y eliminado por soldados al servicio del gobierno de Balaguer, doña Manuela Aristy guarda recuerdos muy tristes.

“Yo tenía siete meses que no veía a Amaury cuando lo mataron. En ese tiempo nada más lo veía en la televisión, cuando el gobierno los ponía como prófugos, con un letrero grande de “Se buscan” y ofrecía una suma de dinero como recompensa por él y sus compañeros. Tenía un deseo inmenso de verlo, de tocarlo, de verlo reir, de acariciarlo y besarlo. Tenía también un gran dolor. Me desesperaba mucho su situación y lloraba. Yo no dormía tranquila, como si estuviera presintiendo el final”.

El final llegó un miércoles. Era 12 de enero del año 1972. Amaury Germán Aristy, líder de los Comandos de la Resistencia, se encontraba en una casa del kilómetro catorce de la autopista Las Américas, con tres de sus compañeros, Virgilio Perdomo, Bienvenido Leal Prandy y Ulises Cerón Polanco.

Los soldados, alertados sobre su presencia en ese lugar, empezaron a llegar la prima noche del día anterior y tendieron un cerco que se extendió varios kilómetros a la redonda.

Ese día, en una reunión del grupo convocada para tal efecto, iba a ser decidida la suerte de esa residencia como punto de operaciones de los Comandos de la Resistencia.

La Chuta y Ulises fueron los primeros en caer. Venían de una cueva cercana donde pasaron la noche para mayor seguridad. Fueron interceptados por las primeras tropas y eliminados inmediatamente sin mayores posibilidades de defensa. Amaury y Virgilio retrocedieron y se refugiaron en la cueva.

Desde allí lucharon encarnizadamente durante diez horas. Todo concluyó cuando la tarde empezaba a mostrar sus primeros desvanecimientos. Virgilio cayó alrededor de las tres. Una hora más tarde fue silenciada la última arma de los Comandos de la Resistencia, la de Amaury.

 

La última vez que doña Manuela vio a Amaury fue en una residencia de Andrés, Boca Chica. “Nunca he olvidado la última imagen de Amaury aquella tarde. Llegó vestido con un pantalón caqui y una camisa de cuadros, manga corta. Tenía el pelo recortadito muy tradicional. Estuvo muy cariñoso, como siempre. Andaba armado con una pistola 45. Él llegó como a las cuatro de la tarde. Estuvimos juntos no más de dos horas. Hablamos de la niña, me pidió que me cuidara, me dijo que él no quería que yo sufriera y que estaba preparado para cualquier cosa que sucediera”.

 

 


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