Una de las rutas más hermosa es la que va de Mata Grande, Pico Duarte, Compartición, la Cienaga, ubicada en el parque nacional Armando Bermúdez ( Gregorio Lopez)

Mata Grande- Pico Duarte otra ruta a la cima más alta

Por: Mayelin Acosta Guzmán.

La emoción de un viaje a parte de llegar al destino es disfrutar del recorrido, cada camino tiene formas distintas, paisajes diferentes y dificultades que te retan a no detenerte. Es por esto que vivir la emoción de abrazar a Juan Pablo Duarte en la cima del pico más alto de las Antillas tiene rutas distintas que conducen a un solo destino.
Una de estas es la Ruta Mata Grande-Pico Duarte compuesta por aproximadamente unos 45 kilómetros, empezando en una ascendencia de 850 metros sobre el nivel del mar a 3,087 donde se encuentra la cima. Para muchos senderistas esta es la ruta más bella, aunque es un poco más larga que la conocida Manabao-Pico Duarte por Jarabacoa
Este recorrido que requiere un gran esfuerzo y buena condición física atrapa cada año más visitantes que desean vivir la experiencia del senderismo entre montañas que conjugan bosques secos y húmedos.
Donde en las mañana descubres el dulce olor a grama bañada por el rocío de las noches negras y estrelladas hasta lo mágico, se mezclan con el del suave humo de las llamas que envuelven la leña seca de la fogata de la noche anterior que aún cuentan las historias relatadas.
Son momentos que dan otro sabor al sudor, las risas, la comida, el ron o el vino. Pues como dice nuestra guía Yudelka Sosa “todas las cosas luego tienen sabor a pico”, refiriéndose a un vaso donde tomaba agua.
Y es que el sabor de la cumbre es algo que se queda contigo y con todo lo que traes. Te adoba, te hechiza, te hace parte de esa aventura mil veces en tu mente. Y nada está más claro, todo te sabe a pico, pues en algún lugar siempre encontrarás algo con el sabor de las subidas enlodadas y onduladas de las lomas, o el del agua fría y dulce de los manantiales, la mirada retadora de la próxima montaña, el rocío que se cuela por la casa de campaña, el abrazo del sleeping bag y hasta el que pruebas en cada gota de sudor cuando recibes la información de la distancia que te falta según los cálculos de un guía.
El recorrido. Nuestro recorrido inició el primer día en la provincia San José de las Matas en la comunidad Mata Grande hasta la caseta de La Guácara, pasando lugares como Loma del Rodeo, El Filo de la Navaja, un total de aproximadamente 18 o 20 kilómetros. En ese lugar acampamos.
Al segundo día caminamos cerca de 12 kilómetros desde la caseta de La Guácara hasta el Valle del Bao, donde acampamos y aunque el tiempo apremia y se debe acelerar el paso el sueño de todo el grupo fue vivir en ese mágico lugar. Un valle cuyo paisaje hechiza, la rica temperatura fría pero acogedora te envuelve y te atrapa y realmente no te quieres escapar.
Luego al tercer día desde el Valle de Bao caminamos hasta nuestra meta el Pico Duarte, pasando por sitios como la Loma Pelona, Cruce de Macutito y el Valle Lilis, con un recorrido de 13 o 15 kilómetros.
Los besos, abrazos, caricias y diálogos con la estatua de Duarte no pueden faltar al llegar a la cima más alta. Todos los visitantes están exclamando y excitados por cumplir la meta.
Terminado el encuentro con Duarte nos disponemos a bajar el pico caminando hasta la caseta de La Compartición donde hacemos nuestra última acampada de la aventura.
La ruta termina por el sitio más usado para visitar el Pico Duarte bajando desde La Compartición hasta los parajes La Vela, Agüita Fría, la Loma de Arrompimiento hasta La Ciénaga en Manabao, Jarabacoa.
Cada montaña recorrida deja en sus visitantes su sabor dulce, picante, afrutado, agresivo, ácido, de textura al principio suave, luego dura y crujiente como si merendaras los pajones que custodian el camino hacia el Valle de Bao.
Es el sabor de llegar a la parte más alta de donde te encuentras, de probarte a ti mismo masticando la aventura y desafiando tu capacidad física y mental, de perderte en el monte para encontrarte en todos lados, de verlo todo como un reto, como la próxima ruta, como una oportunidad más para volver a subir, y sobre todo, sentir como las piedras, los hongos, los pinos, la tierra amarilla y blanda, los arroyos blancos y fríos, se convierten en un puñado de especias que dejan en ti el mágico sabor de bajar con la esencia de la cima.
Y esos bellos recuerdos te acompañan por las noches y te harán soñar con su aroma a grama fresca, madera quemada, cena en fogón de piedras y todo lo que trajiste en tu mochila de recuerdos. Y a los que se animan a descubrir este reto: nunca te faltarán las ganas de levantarte viviendo, saboreando y sintiendo que después de los pasos que coleccionaste subiendo al pico, toda la vida te sabe a cumbre.

Fuente: Hoy Digital

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