Profesora Rosa Debord

Querido Duarte

El 26 de enero se celebra en toda la república tu natalicio, ya han pasado 204 años de tu nacimiento. En cada aniversario se realiza un desfile militar hasta llegar al Altar de la Patria donde reposan tus restos, allí frente a tu mausoleo, se te ofrece una ofrenda floral y se resaltan las virtudes que adornaron tu fructífera existencia. Aunque a juzgar por tu pudor y modestia, dudo que los actos solemnes con flores y emotivos discursos sea lo que más te agrade recibir por los siglos de los siglos. Tener valores que orienten nuestra conducta a alcanzar objetivos nobles y productivos es el modo más digno de honrarte.

Honorable prócer de la patria, serás por siempre el referente ideal que deberíamos imitar todos los dominicanos, porque fuiste un ciudadano ejemplar, un funcionario honesto y un líder coherente de accionar irreprochable.

Ofrendaste tu vida y todos tus recursos por la Independencia Nacional; te despojaste de la herencia que te dejó tu padre, Juan José Duarte, y pusiste esos bienes a disposición de los trinitarios para contribuir con la fundación de la República Dominicana. Tu patriotismo era absolutamente genuino y desinteresado y enfocado en el bien común y en la defensa de los mejores intereses del pueblo dominicano.

No gritaste a los cuatro vientos tu integridad, tus hechos hablaron por ti: cuando fuiste designado por La Junta Central Gubernativa como General de Brigada para la expedición de Baní, regresaste un mes después con un informe detallado donde decías en qué habías gastado cada peso y centavo, y devolviste el dinero sobrante porque para el honrado lo ajeno es lo ajeno.

¡Admirable héroe nacional!, hay tantos dominicanos que te honran con sus vidas, gente virtuosa que con sus buenas acciones hacen brillar y engrandecer la patria que tanto amaste.
Aquí entre nos, también hay unos cabezones que hacen y deshacen sin que nadie los detenga, los muy charlatanes no se portan nada bien.

Cambiando de tema: Duarte, ¿qué opinas de la actitud permisiva y desentendida que mostramos los dominicanos ante los males sociales que nos afectan?, mmm, imagino tu respuesta…

Pues bien, te cuento que aquí las cosas a veces se tornan color de hormiga, no te explico con detalles porque te podrías preocupar y hasta decepcionar, además, mis paisanos prefieren callar. Es más, atento a mí, mira Duarte, la ausencia de principios y valores está destruyendo la sociedad dominicana y nosotros estamos como en un estado de sueño inducido y todo parece indicar que nos importa un comino el futuro del país, así como lo oyes.

Oh, para tu tranquilidad, aún seguimos siendo una nación libre de toda potencia extranjera; un país hermoso, de gente buena, lleno de riquezas naturales y con todas las posibilidades del mundo de ser uno de los mejores de la región.

¡Ay, mi querido Duarte!, lamento decirte que todavía no hemos podido cumplir tu sueño de ser una República Dominicana sin miseria, que garantice a todos sus ciudadanos el derecho a la vivienda, a la salud, a la educación y a un trabajo digno. Sí, lo sé, no es lo que esperabas, mas no te angusties, tu sueño es alcanzable. Si trabajamos unidos lo podemos lograr, claro tendríamos que poner de lado nuestros propios intereses para pensar en los demás, y es ahí donde se complica el asunto, pero no es imposible si ponemos voluntad y corazón.

Padre de la Patria, me despido con un hasta luego, ya que a todos nos llegará el día de marcharnos para siempre. Ojalá al igual que tú, dejemos alguna huella que perdure en el tiempo y no se borre a la semana, porque si nadie nos recuerda, será una mala señal.

Con cariño: Rosa Debord

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