Cruz de Palma, Cuaresma, Semana Santa.

Por: Fabio Herrera Miniño

Ayer fue el Miércoles de Ceniza. Es la ocasión que el mundo cristiano se recoge anímicamente para observar durante 40 días la vida de Jesús en sus días finales en la Tierra.
Es una celebración que nace con los primeros cristianos que poco a poco acogían la nueva doctrina. A esta le dieron forma los Padres de la Iglesia que estaban concentrados en torno al Mar Mediterráneo y los lugares de Palestina donde se produjeron los acontecimientos de la muerte y resurrección del Señor.
La Cuaresma, y por ende la Semana Santa, se acopló con el movimiento lunar. Entonces se hizo coincidir el Jueves Santo con la primera luna llena después del inicio de la Primavera que es el 21 de Marzo. De ahí lo movible que es la Semana Santa. A veces se inicia la Cuaresma a mediados de febrero como el pasado año. Esa vez la primera luna llena coincidió con el 22 de marzo y en consecuencia el Jueves Santo fue el día 24 de marzo. Ahora el Jueves Santo es el 14 de abril que es una de las fecha más lejanas de tales conmemoraciones.
Previo al inicio de las penitencias de la Cuaresma, el mundo cristiano se sumergió en las fiestas de los carnavales. Muchos de ellos son famosos por sus extravagancias y por las pasiones desatadas de los cuerpos. En Brasil, que es el carnaval más famoso, se distribuyen a los asistentes durante los cinco días previos al Miércoles de Ceniza millones de preservativos, para evitar contagios y embarazos indeseables que por lo general terminan en abortos.
Los bailes y música carnavalesca en las celebraciones dominicanas a veces coinciden con los actos penitenciales típicos de la Cuaresma católica, como es el caso del Vía Crucis por las calles de los pueblos y que se acude al mismo para recordar penitencialmente el paso de Jesús con el peso de la cruz por las calles de Jerusalén.
Por ejemplo Haití, que celebra un hermoso carnaval reconocido mundialmente por sus festivales, concluyó sus festividades el pasado martes 28, con sus desfiles de comparsas y carrozas muy llamativas, por las calles de Puerto Príncipe. En esta ocasión existía un ambiente más festivo por tener los haitianos un nuevo presidente. Ya algunos pueblos finalizaron sus celebraciones carnavalescas como Santiago, La Vega, el distrital de la capital y San Cristóbal.
Y como dice la promoción, este es un país muy especial. Por lo tanto evadimos las tradiciones religiosas para mantener la alegría de carnaval en los ambientes pueblerinos en un tiempo que se supone de reflexión y penitencia. Esos ambientes están enardecidos con música y máscaras para alegrar el ambiente en las poblaciones abrumadas por la delincuencia, estrecheces económicas y del acoso de las mentiras y ambiciones de los políticos.
De todas maneras ya se inició el período de Cuaresma. Por espacio de 40 días hasta la tarde del Jueves Santo, los domingos de Cuaresma no se cuentan para el total de los 40 días, la Iglesia motiva a la feligresía a que reflexione acerca de sus vidas. No es solamente acerca los acontecimientos que encierran las celebraciones de la Semana Santa, sino acerca de las otras calamidades que impactan en la vida personal de cada uno. Vivimos en una sociedad herida en sus entrañas y la familia en proceso de disolución que era más importante de la sociedad.
Por lo tanto la Cuaresma no es solo para convertirnos en más devotos o más impulsados a colaborar con el prójimo. Ni tampoco irnos en Semana Santa para las playas o las montañas a descansar y disfrutar de las comodidades que están esparcidas por todo el país. El “Yo me quedo” promovido por monseñor Masalles debe fortalecerse. Es que esta Cuaresma significa mucho más por lo afectado que está el país, conmovido por severos actos de corrupción de origen internacional. Y todo impulsado por una famosa empresa brasileña de construcción que a manos llenas repartió abundantes y gratificantes sobornos a una buena parte de los funcionarios de más de doce países del continente. Era para aquellos que podían aprobar proyectos con financiamiento brasileño y abonar con creces la corrupción endémica de los políticos latinoamericanos.
Por eso en este período de Cuaresma hay más que nunca motivos para reflexionar y aspirar que un espíritu de enmienda se haga patente el propósito de una limpieza que podría ser un punto de partida hacia un nuevo mundo de mayor transparencia en el continente.

Articulo tomado del periódico Hoy Digital

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