Luis Alfredo Collado

Por Luis Alfredo Collado.- Para una sociedad moderna y civilizada, vivir sin transporte, agua potable y energía eléctrica, es una tortura. Lo demás que pueda fallar se sortea de alguna forma, pero estos servicios básicos bajo ningún concepto pueden faltar.

San José de las Matas, reconocido como un pueblo económicamente desarrollado, con instituciones modelos y buen índice de desarrollo humano, no tiene agua desde hace décadas. Aquí no ha habido capacidad ni voluntad firme para resolver el problema.

La gente es víctima de una tortura infernal, sin agua para el aseo, las actividades domésticas y el comercio en general. Sus habitantes pujan en los medios de difusión, en las esquinas y en todas partes, pero el agua no llega.

Los que nunca se quejan por lo menos en la radio, son los ricos y los de clase media que tienen cisternas y pueden comprar el líquido, a estos la calamidad poco les importa. Se observa una sociedad acomodada que es indolente con los que menos tienen. Esos que ostentan los poderes económico y político, que manejan instituciones poderosas, nunca se le han parado de frente al problema. Se perciben indiferentes ante una situación que les debiera avergonzar.

Aunque no se puede obviar la iniciativa de regalar agua, lo que de algún modo contribuye a mitigar una parte de la angustia, pero en esencia es un arma de doble filo porque a la vez crea una cultura de dependencia que amputa cualquier determinación para radicalizar la lucha por la eficiencia del servicio.

Los más castigados por la falta de agua son los pobres cuyo único amparo lo encuentran en la radio local donde llaman con impotencia. Esos son los que han aprendido a repetir de forma automática que la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN), es la culpable absoluta de todo el mal, cuando en realidad parte de ésta recae sobre el liderazgo del pueblo que no ha tenido la voluntad de unificarse para gestionar el acueducto y terminar con la pesadilla. Además de los propios munícipes que tampoco han enfilado los cañones hacia el punto correcto. Llámese ministerio correspondiente, presidente, organismo internacional o país patrocinador y como última instancia presionar desde las calles.

No hablamos de un liderazgo cualquiera, hablamos de una élite que está conectada a las altas esferas del poder, y directamente con el palacio, y ninguno se inclina por convertir en prioridad el tema del agua.

El problema del servicio es estructural, esto no se resuelve con iniciativas cosméticas, como desarenador  y tuberías nuevas por las que no pasará agua, hasta que esta pueda llegar al pueblo.

Aunque es fundamental la vigencia en los medios, pero con microfonazos y telefonazos, no se construye un acueducto, para eso se necesita determinación y hasta un buen cabildeo.

El individualismo, protagonismo y reciclaje de “personajes repetidos” en el mando de las instituciones representativas, lo debieran superar y darle paso a las agendas inclusivas de desarrollo general. Sería una vía expresa para obtener grandes logros.

Los que tienen influencia y poder, son los primeros que deben dejar escuchar sus voces donde se resuelve y toman las decisiones.

En San José de las Matas es lo contrario, aquí solo sacan la cabeza dependiendo de la dirección con que sople el viento. La carretera Cibao-Sur y el proyecto para construir la presa Amina, fueron los últimos ejemplos donde asistimos a exhibiciones de vedetismo crónico.

La tierra tiene mucho tiempo esperando los pies del liderazgo matero.

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