Foto: Carmen Suárez/Acento.com.do/”El protagonista y hacedor de la cultura es el pueblo, de donde surge un saber popular que se denomina folklore.”
donde la creatividad, ingenio, colorido de los integrantes de comparsas fue dejado en evidencia la tarde del pasado sábado 30 de marzo/2013 en la principal arteria de este municipio suroestano.
Fotos: Carmen Suárez/acento.com.do
Fecha: 30/03/2013

El folklore, además del saber popular, se estudia científicamente, para conocer su contenido y sus características.

Por Dagoberto Tejeda Ortiz.

Todos los pueblos no son iguales, tienen diversidades culturales responsables de su identidad. Las culturas le dan singularidad a cada sociedad, sin posibilidades de compararse unas con otras en términos de inferioridad y superioridad. No hay cultura superior o inferior a otra. Científicamente lo que existe son culturas diferentes.

Por eso, para comprender a una sociedad, hay que conocer su cultura. Sin sus conocimientos no hay orgullo de la misma, no hay identidad. En el caso nuestro, la cultura es la base de la dominicanidad y de la identidad.

La esencia de la cultura son las manifestaciones populares, sus creencias, sus tradiciones, sus formas de expresión y su manera de ser. El protagonista y hacedor de la cultura es el pueblo, de donde surge un saber popular que se denomina folklore.

La composición de la palabra folklore es folk-pueblo, lore-saber, es decir, saber popular, tal como lo definió y propuso por vez primera el inglés Ambrose Merton, seudónimo de William John Thomas, en una carta que enviara el periódico “TheAtheneum” el 22 Agosto de 1846 en Inglaterra.

El folklore, además del saber popular, se estudia científicamente, para conocer su contenido y sus características. A nivel de la educación de un país es determinante el estudio y la enseñanza del folklore para conocerla y formar dominicanos orgullosos de su cultura y de su identidad.

El folklore es una variable secundaria y en ningún lugar un eje transversal.  Y lo más grave es, que en las escuelas públicas, en las asignaturas de “Educación Artística”, la casi totalidad de los profesores que la imparten, no tienen la preparación adecuada para esto, enseñando cosas parciales, superficiales y deformadas

A pesar de eso, en los pensum de nuestras escuelas y universidades no se contempla la enseñanza del folklore, salvo en el diplomado de Arte y Folklore de la UASD. En las nuevas carreras académicas como Turismo, la enseñanza es parcial e insuficiente. El folklore es una variable secundaria y en ningún lugar un eje transversal.  Y lo más grave es, que en las escuelas públicas, en las asignaturas de “Educación Artística”, la casi totalidad de los profesores que la imparten, no tienen la preparación adecuada para esto, enseñando cosas parciales, superficiales y deformadas.

Por eso, el gran desconocimiento de nuestra cultura popular, la falta de amor a nuestras raíces, a nuestras creencias, a nuestras expresiones tradicionales, a nuestras herencias cultuales, a las dificultades en la definición de la dominicanidad y de nuestra identidad la responsabilidad mayor está en la ausencia de la enseñanza adecuada del folklore nacional.

La palabra folklore aparece por vez primera en dominicana el 10 de febrero de 1884, 31 años después de su aparición en Inglaterra, en una carta que envió un lector o lectora desde Puerto Plata con el seudónimo de “Valle de Gracia” al periódico “El Eco del Pueblo” que se editaba en la ciudad de Santiago de los Caballeros.

Es realmente a partir del 7 de diciembre de 1887 cuando el folklore comienza a ser objeto de estudio en nuestro país, expresado en un artículo periodístico sobre la definición y el contenido del mismo escrito por el costumbrista Cesar Nicolás Penson, el autor de “Cosas Añejas”, en un trabajo sobre “El Folklore Quisqueyano”.

Ha pasado el tiempo y se ha escrito muy poco sobre las características y la identidad del folklore dominicano. Ha habido excepciones, esfuerzos importantes, aportes trascendentes, pero en casi su totalidad son parciales, porque tratan y contienen aspectos específicos, particulares del folklore, con la gravedad de que hay una ausencia del rigor académico, quedándose en descripciones superficiales, experiencias personales, anecdóticas, emocionales e idealizaciones nostálgicas. Falta un visión y una dimensión de totalidad desde una perspectiva científica.

Para revalorizar la importancia del folklore como expresión y conocimiento de nuestra identidad, de su trascendencia en la definición de nuestra dominicanidad, por iniciativa de Dagoberto Tejeda Ortiz y el poeta Tony Raful, entonces Ministro de Cultura, el 10 de febrero de cada año, por Decreto Presidencial, el Presidente Hipólito Mejía, lo consagro como “Día Nacional del Folklore”.

Fuente: Acento Diario

Digiprove sealThis article has been Digiproved

Deja un comentario