Escuela Trina Moya de Vázquez ( archivo)

El año escolar inició muy bonito el lunes, con la grata realidad de que como nunca antes la asistencia había sido tan extraordinaria para el primer día.

Eso muestra el estado en que se encuentra la escuela hoy. Y especialmente, el interés de los padres y alumnos por la educación.

Pero algo tenía que ocurrir. Hubo tres municipios en los cuales las clases no empezaron a plenitud por protestas de los maestros, en Neiba, Barahona e Higüey.

La causa de ese desacato al mandato oficial de iniciar las clases se debió al bloqueo del pago a 3,929 personas que aparecen en la nómina como maestros, pero que el Ministerio de Educación encontró, mediante auditoría, irregularidades que cuestionan su condición docente.

La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) se opone al bloqueo, y dice que apenas 786 enlistados no están claramente identificados, que 51 están asignados a colegios privados, 38 que están fuera del país sin permiso del Minerd y otros 65 sirven a otras instituciones.

Hay un desacuerdo, pero el mismo no debió llevar al extremo de no iniciar las clases. Es un acto de rebeldía, porque si bien 3,929 es un número consistente, resulta poco significante si se compara con la nómina general de maestros, que es de más de 80 mil en diferentes centros educativos en todo el territorio.

En consecuencia no tiene objeto impedir las clases en una determinada localidad porque en algunos centros hayan quedado bloqueados unos cuantos maestros. Es una cuestión administrativa que puede ser subsanada.

Ya la ADP ha convocado para una vigilia frente al Ministerio de Educación en reclamo del desbloqueo. Eso significa que probablemente cientos, miles de maestros abandonarán las aulas.
La ADP pide que se establezca un mecanismo para agilizar las averiguaciones sobre los bloqueados. Probablemente serán complacidos.

¿Para qué una vigilia? ¿Para provocar desasosiego en las escuelas? La ADP puede tener razón, pero no tiene derecho a interrumpir la docencia. Eso daña el sistema educativo público y desalienta a los miles de padres que mandaron con fe y entusiasmo a sus hijos a clases el lunes.

Busquen una solución razonable, pero no dañen el ambiente escolar.

Fuente: El Caribe

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