Lincoln López

La Sirenita es una estatua de bronce que mide algo más de un metro de altura, que se encuentra sobre una roca en la bahía del puerto de la ciudad de Copenhague (Dinamarca) desde el mes de agosto de  1813, ¨mirando melancólicamente al mar al que nunca podrá regresar¨.

Su escultor fue el arquitecto Edvard  Eriksen, como un homenaje a la famosa bailarina del Teatro Real Danés, Ellen Price. Otro relato dice que ¨La Sirenita¨ se basa en uno de los cuentos de Hans Christian Andersen en donde ¨ella renunció a su condición de criatura marina e incluso a su propia vida por el amor de un príncipe¨.

Allá, solía ir el filósofo danés Soren A. Kierkergaard (1813-1855), considerado como inspirador del movimiento existencialista. Se dice que a ese lugar, ¨acudió desesperada su prometida, Regina Olsen, para suplicarle que no rompiera la relación que mantenían desde hace tres años¨. Años después,  ¨una vez se cruzaron…Él hizo que no la vio¨; ella casada con otro hombre al que no amaba. Sin embargo, el filósofo, a su muerte, la incluyó en su testamento.

La Sirenita, hoy día es símbolo cultural de la ciudad y el lugar turístico más visitado.

Soren Kierkegaard ¨resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana. La respuesta individual a esa situación tiene que ser vivir una existencia comprometida por completo…El individuo, por lo tanto, tiene que estar dispuesto para desafiar las normas de la sociedad en nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden personal¨ (J. L Alvarez).

Probablemente en ese lugar, ante la mirada triste de La Sirenita, concibió una de sus ideas más famosas: ¨El tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza¨.

Por Lincoln López /  La Información.

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