Por Edwin Paniagua

Comentaremos un extenso artículo, publicado por César Mella (a quien no tengo el gusto de conocer),

“Hijos sicarios”, la crianza como un reflejo de la sociedad de hoy.

Psiquiatra César Mella explica en artículo por qué se han perdido los valores sociales

A continuación, resumiremos el texto y expresaremos nuestra humilde opinión, sobre él. Su título es “Hijos sicarios”. Solo podremos referirnos a algunas de las afirmaciones, debido al espacio del que disponemos. Las aseveraciones del autor referido están entre comillas.

“Los jóvenes de este siglo se levantan generalmente irritados porque se acuestan muy tarde, viendo televisión, jugando playstation o enviando mensajes por teléfono o chateando por la Internet”. De acuerdo con un estudio citado por Hiddekel Morrison, menos del 50% de la población dominicana tiene acceso a la Internet. Creo que la mayoría de los adultos preferiríamos continuar durmiendo y a los jóvenes les pasa lo mismo. Sería interesante realizar una investigación sobre cuántos hijos se duermen después de sus padres, y las razones. “Hoy los hijos, muchas veces sin merecerlo, presumen el celular más novedoso. Nada les costó”. Eso no es culpa de los jóvenes. Usted mencionó un viaje a México: ¿quién lo costeó? Es normal que los padres paguen por lo que sus hijos disfrutarán: es al adulto al que le corresponde discernir entre lo esencial y lo accesorio; entre lo necesario y el lujo. Recuerdo el caso de un padre que tenía dificultad con su hijo. El joven me resumió el conflicto de una manera espectacular: “El problema es, profe, que mi papá me compra de todo, pero se molesta cuando yo lo estoy disfrutando”.

“Se cierran automáticamente a quien les hable de moral, honor y buenas costumbres, y mucho menos de religión. Lo consideran aburrido. Ya saben todo y, lo que no ¡Lo consultan en internet!”. La pregunta sería si se cierran a quien les habla de moral o de doble moral. Muchas veces, los adultos predicamos valores que no vivimos. Ellos no estarían, entonces, reaccionando a la moral, sino a la hipocresía de los adultos. Por otro lado, en muchas ocasiones, somos nosotros los que les decimos que busquen en Internet (porque no sabemos qué contestar). Y, si bien es cierto que la red contiene múltiples elementos negativos, no menos cierto es que también ocurre lo contrario.

“Nos asombramos porque los sicarios cobran cuotas sin trabajar por ellas, cuando a nuestros hijos los acostumbramos a darles todo incluso su cuota semanal sin que trabajen por ella, y todavía se quejan a porque eso no les alcanza”. Creo que debe revisar la metáfora: los sicarios cobran por trabajos realizados (hasta donde sé, no hay botellas). Contrario a usted, creo que un hijo debe recibir todo lo que pueda de sus padres. Recuerde que, antes, lo recibió todo de su madre (sin ganárselo). Una merienda, un pasaje, una entrada al cine, una pizza con los amigos… no son el salario por el cual un niño debe rendir una jornada laboral. “Lavar el carro, colaborar en la casa…”, no son “obligaciones”: son actividades que deben ser esenciales, y hasta divertidas y satisfactorias para los jóvenes (como los paseos que se realizan en el vehículo lavado y los amigos que se reciben en la casa que se ayudó a organizar).

Usted recomienda “moldear” a los hijos, pero yo pienso que no son fluidos (como agua que toma la forma del molde de hielo): son personas. Nuestro deber como padres es ayudarlos a que se desarrollen, según su forma, no según la nuestra. ¿En qué creo, doctor? En el poema de Khalil Gibran: “Tus hijos no son tus hijos: son hijos de la vida… aunque estén contigo no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos: ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas. Ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños. La vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados: deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.

 

 

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