Un pequeño triciclo rosado en la sala…Una pelota con florecitas en el comedor…Una Barbie mocha en el pasillo…Un muñeco de crayola en la pared…Son claras evidencias de la abuelidad (que es el estado superior, por doblemente feliz, de la humana condición paterno-materna).

Aunque los nietecitos te cojan de mojiganga. Aunque te suelten sus risitas burlonas cara a cara.

Aunque te hagan una pataleta por el motivo más nimio. Aunque no le rindan reverencia a tus prehistóricos consejos…Total, todo queda resuelto con una sonrisa rodeada de estrellitas y un alegre “te telo” (que en el maravilloso idioma de los niños quiere decir “te quiero”).

Por Ramón Colombo / FOGARATE (El Caribe)

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