Edwin Paniagua.

El lunes 18 de diciembre de 2017 apareció en la prensa un artículo publicado por Leonel Fernández con el título: “El PLD: cuarenta años después”. En la introducción del mismo, el exmandatario destaca: “Al arribar a su cuadragésimo cuarto aniversario, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se encuentra en el sitial privilegiado de ser, hasta ahora, la organización política más exitosa en la historia de la República Dominicana”. Aquí ya está enunciada, de manera velada su tesis: la modalización “hasta ahora”. Aquí el incipiente, pero completo discurso, queda dividido en dos. La temporalidad que enuncia apunta hacia otro concepto: el éxito. El PLD es, y ha sido, un partido exitoso. Hasta ahora. El pasado es una certeza; el futuro es una interrogante, y casi lo contrario. Éxito y futuro, pues, son ángulos opuestos por el vértice del presidente de dicha institución.

A continuación, en una segunda parte, Fernández hace un recuento de las victorias que ha obtenido la organización morada, en todos los niveles, a lo largo de decenas de años (remontándose a los bolos y los coludos). En el mismo tenor, destaca lo rotundo de cada triunfo: con frecuencia, sobre el 50%. Éxito. Pasado.

En un segundo escenario, atribuye ese éxito a dos elementos fundamentales: a) el PLD es una maquinaria electoral y b) se debe a la presente administración (menciona a Danilo Medina) y a “las previas” (aquí apela a un plural de modestia, impersonal). La primera metáfora “maquinaria electoral” es recurrente: ya él había vaticinado que la institución que dirige (?) se convertiría en una “fábrica de presidentes”. Dicho sea de paso, parece que la fábrica opera con dificultades porque parecería que solo dos personas tienen materia prima para serlo, puesto que de los cinco períodos en el poder, que se completarán en el 2020, solo dos miembros del partido de la estrella amarilla han sido presidentes. En veinte años, dos personas. ¿Fábrica? En la actualidad, la pugna entre ambos se mantiene. ¿Maquinaria? Sí. Prensa, partidos, Justicia, Congreso…

En un tercer momento, resalta que “no siempre fue así”. Aquí hace un veloz recorrido desde la fundación del PLD (y sus pírricos resultados iniciales) hasta el momento en que “la nueva generación” (otra vez la referencia indirecta y pluralizada a sí mismo), se encargó de encarrilar a los peledeístas por la senda de la gloria. Resulta extraño, sin embargo, que el cabeza de esta inmarcesible institución soslayara varios hechos relevantes: por ejemplo, que esa “nueva generación” escribió (y puso en escena) una tragedia griega titulada Pacto patriótico (excelente opera prima), en la cual Juan Bosch levantó la mano vil y ensangrentada de Balaguer (con la intermediación de Leonel). En ese entremés, se desnudó el alma de la “nueva generación”.

En la última parte, destaca: “Sin embargo, en la práctica ocurren muchas desviaciones. Para algunos (se refiere indirectamente a Danilo Medina, a quien le dará un abrazo en la boda de su hija), el desempeño de un cargo público se convierte en una obsesión”. Y advierte que, si esta sed no se sacia, puede desembocar en un resultado similar al de Ícaro que, con sus extraordinarias alas, voló demasiado cerca del sol y la cera de las mismas se derritió, provocando la muerte del personaje mitológico. Y arenga a sus militantes, en consecuencia, a “evitar morir de éxito”. El contrasentido, entonces, es múltiple: ha sido “la nueva generación – él” quien selló las alas de Ícaro con cera y lo envió al sol (más allá del 2030). Si Danilo es Ícaro, Leonel es Dédalo, su padre. Y su oxímoron “morir de éxito” se traduce: Danilo llevará el PLD a la muerte, si se repostula, pero si lo hago yo, no: eso solo sería “éxito, vida”.
Olvida el expresidente dos interpretaciones que pueden colegirse de su discurso: lo normal sería que Leonel se compare con Dédalo (padre de Ícaro) porque “le dio alas” a Danilo; pero algún curioso podría entender que Juan Bosch es Dédalo y Leonel, Ícaro. Por otra parte, es de rigor recordar que, en la leyenda griega, tanto Dédalo como Ícaro tenían alas. Leo, cuidado con el sol.

 

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