Caricatura de José Mercader (El Caribe)

Fefita la Grande es mi merenguera típica preferida. La admiro y disfruto en grande sus merengues y su forma alegre de interpretar el ritmo que no identifica como nación. Siempre la he visto como un verdadero símbolo folklórico y auténtico ícono de nuestro arte popular.

En su dilatada carrera, nuestra singular artista ha recibido los más relevantes premios y  paseado nuestro merengue típico  por  los más exigentes   escenarios dentro y fuera del país. El último galardón lo recibió con motivo del «Día Internacional de la Mujer, al ser  distinguida con la «Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana »por el presidente Danilo Medina.

Su merengue  y videoclip, “La pimienta es la que pica”, grabado en diciembre pasado  junto a Milly Quezada y Maridalia Hernández, fue todo un éxito, pletórico  de imágenes dominicanitas; mas después de este celebrado acierto musical, la extrovertida merenguera pasa de lo sublime a lo ridículo o  incurre en el desacierto de grabar un video con un  reguetonero, a ritmo del llamado «género urbano»,  saturado de movimientos lascivos e imágenes bastante insinuantes y morbosas.

Un video que, además de las imágenes,  entraña un mensaje indigno y denigrante y que, por ser así, empaña la dignidad de la mujer en general  y, de manera muy particular, de una artista que se ha ganado el cariño y respeto de sus compatriotas, y que ya transita hacia los ochenta años. Y todo porque doña Fefa, al parecer, no termina de entender que a  cada edad  le corresponde un tipo característico de conducta , razón por la cual un cuasi octogenario no puede comportarse como si fuera un adolescente o «veinteañero», y que si así procede, entonces corre el riesgo de que su conducta sea calificada de ridícula.

Por esa razón, el reguetonero coprotagonista del criticado video llevó  a la Vieja Fefa hacia donde él quiso llevarla,  esto es, la condujo al  escenario  de la llamada «música urbana», un seudoarte  casi siempre denigrante, cloacal, insustancial, nocivo y pestilente. Y  Fefa,  hasta allí se dejó llevar. A un mundo  que no es el suyo y  que  ningún valor a ella  le agrega en beneficio de su fama y proyección. A  un ritmo musical que no le corresponde. Se dejó utilizar por quienes verdaderamente trataron de sacarle provecho a su fama y popularidad, por los que  sí ganan asociándose a ella. En fin, por aquellos  que en términos de imagen pública, nada tienen que perder.

Todos conocemos la existencia de  personas que a pesar de su  adultez y avanzada edad  son mentalmente jóvenes.  Eso es sumamente positivo. Esas personas  siempre han contado con mi admiración y respeto, por cuanto por lo general  se trata de seres  bastante dinámicos, proactivos, creadores y emprendedores. Sin embargo, siempre habrá un límite generacional  más allá del cual  nuestro accionar  no debe  trascender.

Finalmente  entiendo que el polémico video de ningún modo  le resta méritos o desciende la figura de Fefita la Grande del pedestal artístico en que el pueblo dominicano la ha situado, y en el cual se encuentra  actualmente. Las críticas quizás han surgido por el gran aprecio que a ella el pueblo le tiene y el deseo de que grabaciones, como el video hasta aquí  comentado, no se repitan en el futuro.  En otras palabras, la Vieja Fefa continúa siendo nuestro ícono de la música típica, la más alta expresión de la dominicanidad,  así  como el  símbolo por excelencia  de nuestro folklor y del arte popular de la República Dominicana.

Por: Domingo Caba Ramos /  La Información

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