“Cuando yo me muera, no me prendan vela, ¡ay! que las mujeres bailen y que los hombres beban”.

Con la muerte de Joseíto Mateo, bautizado con mucha justicia, como el “Rey  del Merengue”; se ha marchado un ícono del arte y la cultura popular. La muerte nos ha arrebatado a una leyenda y patrimonio del folclore dominicano, pero solo será una desaparición física, porque su música, movimientos, voz y alegría permanecerán por siempre como su corona en el corazón del pueblo.

Cuando el corazón de una gloria como Joseíto Mateo deja de latir y se apaga una voz que enaltece la identidad, las lágrimas arropan los rostros de sus compatriotas.

Pero también hay alegría, porque se despide al  ser humano y al artista que expuso con calidad, en escenarios nacionales e internacionales, los valores artísticos y culturales del pueblo dominicano.

Esa es la razón por la que familiares, amigos, compañeros de carrera y el pueblo en general le dieron el último adiós con sus merengues,  bailes  y sana diversión, ya que así lo sugirió él en su testamento.

De ese modo la gente acogió el tema del “Rey del Merengue”  titulado “Cuando yo me muera”, del cual se inserta  en el editorial de LA INFORMACIÓN de hoy  el estribillo que reza:

“Cuando yo me muera,
no me prendan vela,
¡ay! que las mujeres bailen
y que los hombres beban”.

Mateo fue pionero en internacionalizar la música dominicana, tras radicarse en Cuba, en donde sobresalió en radio y televisión,  así como cantante de  la afamada agrupación “La Sonora Matancera”. También brilló en Puerto Rico, Venezuela y otras naciones de las Américas.

Lloro y gozo provoca la expiración del artista que fue marca país, de un lado mucha tristeza porque Joseíto Mateo no tendrá presencia física, y  por otra parte  júbilo, porque su estilo y sus obras quedarán como huellas perennes para que todas las generaciones disfruten de ese arte, y al mismo tiempo luchen por la conservación y preservación de las tradiciones, costumbres y manifestaciones que nutren el arte y la cultura de República Dominicana.

Que sus restos descansen en paz, y el espíritu se consagre en la gloria eterna,  maestro y rey del merengue dominicano.

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