¿Cuál es la diferencia entre la haitiana que paga para venir a parir a un hospital dominicano, de la dominicana que a los ocho meses de embarazo compra un pasaje para ir a dar a luz a Nueva York y hacer que el hijo nazca “ciudadano americano”?.

Por: Adriano Miguel Tejada.

Los desgarradores reportajes de nuestras reporteras Mariela Mejía y Tania Molina sobre nuestra frontera terrestre y el conjunto de mafias que operan alrededor de ella y que trafican tanto a haitianos como a dominicanos, han puesto de resalto lo que todos dicen que saben. El valor de estos reportajes es que aportan las pruebas que no tienen los que dicen que saben y que permitirían a las autoridades, si tienen el interés y la voluntad de hacerlo, de aplicar el peso de la ley a los violadores y de establecer mecanismos sociales, económicos, de seguridad y políticas públicas para reducir su impacto.

Los dominicanos nos rasgamos las vestiduras ante las conductas descritas en esos reportajes, pero, ¿en qué se diferencia un haitiano que paga por una acta de nacimiento dominicana falsificada, de un dominicano que paga por una “green card” falsificada en los Estados Unidos?

¿Cuál es la diferencia entre la haitiana que paga para venir a parir a un hospital dominicano, de la dominicana que a los ocho meses de embarazo compra un pasaje para ir a dar a luz a Nueva York y hacer que el hijo nazca “ciudadano americano”?

No queremos entender que estamos ante situaciones iguales en términos éticos y que ambas tienen su razón de ser en las carencias en los respectivos países y en las expectativas de mejora que implica la nueva condición, pues al ser “dominicano” o “gringo” se amplían las oportunidades de progreso y las esperanzas para la familia.

No se trata de querer más o menos la nacionalidad o de proteger a un delincuente. Se trata de sobrevivir en medios hostiles, pues como decía un letrero en La Vega: “la dignidad comienza por el estómago”.

Tan sencillo como eso.

Fuente: Diario Libre

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