Testigo del tiempo / J. C. Malone.

Nueva York.-Desde que publiqué Sammy Sosa en 9 Innings, en 1999, le pongo una atención tangencial al béisbol y su impacto en la vida dominicana, observando algunas cosas.

Observé que tras el colapso de las reputaciones de Sammy y Alex Rodríguez, se levanta íntegro y humilde, Vladimir Guerrero, recién exaltado al Salón de la Fama.

Vladimir no es perfecto, su pecado capital es no prestarse a manipulaciones ni juegos políticos, por eso el partido en el poder lo ignora de manera deliberada.

Juan Marichal, el primer dominicano en el Salón de la Fama, es militante del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fue secretario de Deportes.

Sammy consiguió jugosos contratos de transporte petrolero con Leonel Fernández, pero en el 2016, anduvo con Danilo Medina, es un auténtico tránsfuga interno del peledeismo.

Vladimir, en cambio es “a-político”, para políticamente explicar su justificado desprecio hacia los políticos.

Por eso el gobierno no promueve su figura, humildad, independencia, honestidad, e integridad.

“El juego de Vladimir siempre fue tan limpio, tan transparente, tan noble y tan honesto, que ni guantillas usaba para batear. Bateaba siempre “a mano pelá”, dijo el eminente analista deportivo petromacorisano, Juan Francisco Vilorio. “Nadie nunca nos ha obsequiado con tanto talento, con tanta transparencia, naturalidad y humildad”, añadió.

Los políticos siempre juegan sucio, no ligan con quien juegue con integridad, transparencia y humildad.

Un movimiento orgánico evitó que la Liga Dominicana de Beisbol le dedicara el torneo nacional al feminicida Leo Matos Berrido, obligándola a dedicárselo a Vladimir.

En su último acto de humildad, Vladimir aceptó la dedicatoria, el ego no lo controla.

Ese movimiento orgánico debe promover a Vladimir, por integro, humilde, transparente, y por no prostituirse políticamente.

Con la crisis de deshonestidad carcomiendo la sociedad, Vladimir es el mejor ejemplo de integridad para nuestra juventud.

 

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