A los 55 años de la guerrilla de Manolo.

Manolo Tavarez Justo

Por: Rafael Chaljub Mejía 

El próximo 28 de noviembre se cumpliron cincuenta y cinco años del levantamiento guerrillero que encabezó el líder del Movimiento Revolucionario Catorce de Junio, Manuel Aurelio Tavárez Justo –Manolo-, en protesta contra el golpe de Estado del 25 de noviembre de 1963 y por el retorno al orden constitucional que ese cuartelazo interrumpiera.

Cincuenta y cinco años es mucho tiempo, más de la mitad de un siglo, pero no son suficientes para que la República y la sociedad olviden el valor de aquella gesta, que señaló el horizonte en la lucha por la constitucionalidad, culminó con el sacrificio heroico de Manolo y treinta compañeros más, y marcó la ruta por la cual un memorable 24 de abril de 1965 marcharon con valor y dignidad legendarios los militares constitucionalistas y el pueblo combatiente.

Por eso se ha dicho con razón, que Manolo y los mártires de la insurrección de noviembre se sembraron y aunque pese a las luchas sucesivas, aun no se ha podido recoger la cosecha que deberá producir su siembra, la luz de su ejemplo hay que mantenerla viva.

En los comienzos de este año hablé con algunos de mis antiguos compañeros de armas en aquel movimiento guerrillero, para sugerirles que nos pusiéramos en acción y organizáramos un acto conmemorativo. El cincuenta aniversario pasó y nada o muy poco se hizo, salvo designar un tramo carretero, creo que entre Montecristi y Dajabón, con el nombre insigne de Manolo.

Ahora el tiempo se nos vino encima, hay que reconocerlo, pero con voluntad y determinación todo se puede. Y entiendo pertinente que los sobrevivientes hagamos siquiera un comunicado de postrer recordación a nuestros compañeros caídos y reiteremos la lealtad merecida a los ideales esenciales por los que dieron su sangre. Ojalá instituciones como Efemérides Patrias y el mismo Congreso Nacional se animaran y tomaran alguna iniciativa. Aquí ninguno de nosotros anda pidiendo nada.

Pero el país tiene una deuda de gratitud con los que se inmolaron por la causa democrática y hoy cuando la batalla por esa misma causa sigue en pie, conmemorar esa experiencia hace justicia, contribuye a la salvaguarda de lo mejor de la memoria histórica y da un valioso aliento a los, a pesar del tiempo y las adversidades, siguen plantados en la lucha por ver al fin, esa causa convertida en realidad.

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