Aniana Ondina Vargas Jáquez fue una luchadora antitrujillista y defensora dela conservación del medio ambiente en la República Dominicana.

Fidelio Despradel

Era el mes de agosto, o septiembre de 1961. Local del 14 de Junio en la calle El Conde. Aniana Vargas, estaba a la cabeza del comité “clandestino” conformado por el 14 de Junio en Bonao, porque todavía, en aquellos tres meses, de agosto, septiembre y octubre, Petan Trujillo era la autoridad “de horca y cuchillo” en aquel pueblo heroico.

Me impresiono aquella campesina, con una determinación que solo los verdaderos revolucionarios y revolucionarias son capaces de sostener a lo largo de su existencia, sin dobleces.

Esa era mi hermana del alma, Aniana: Campesina, revolucionaria como el que más, firme e incondicional con la causa, que era parte de su existencia. Sensible como la que más ante el dolor de los oprimidos. Participe en todas las grandes luchas de nuestro pueblo. Finalmente, bautizada “la madre de las Aguas”, por su tenaz e inigualable defensa de la naturaleza y de nuestro sistema acuífero, y de los millones que vivían, y todavía viven del trabajo con la tierra.

Si fuera a escribir sobre esa gigante de la lucha revolucionaria y popular, y a describir nuestra hermandad en la lucha, durante toda la vida, necesitaría decenas de cuartillas, y no podría abarcar toda su grandeza, y de ese hecho me enorgullezco, en el sentido de que fuimos hermanos en todas las adversidades y recodos de la vida, desde aquel día, en el local del 14 de Junio, junto con Manolo Tavarez, cuando nos conocimos.

Aniana dejo un inmenso legado: los triunfos (varios) de los millares de campesinos de esas comarcas y la defensa de la naturaleza y el agua en la amplia región que comprende Cotui, Bonao, La Vega, San Francisco y todo el bajo Yuna; la derrota de un proyecto minero que amenazaba el rio Yuna, y los ocho años de publicación semanal, sin faltar una sola semana, de su columna “desde Bonao”, que digo por primera vez que no hubo uno solo de esos artículos que no lo discutiéramos antes de yo pasarlo en limpio y llevarlo en la madrugada a la redacción de El Nacional, a excepción de cuando me tocaron unos viajes a Nicaragua y a México, en cuya función me sustituía mi hermano de lucha Guillermo de la Rosa.

Terca y tenaz; persistente, y al mismo tiempo de una inmensa sensibilidad ante los problemas de las masas pobres, en especial los y las campesinas, como nunca más he conocido en persona alguna.

Participe en primera fila en todas sus luchas, incluyendo su lucha contra el cáncer, desde el 12 de enero de 1972, cuando Amaury y sus tres compañeros se batían a muerte contra el ejército, policía y aparatos de represión y los médicos descubrían que Aniana tenía un cáncer, que al principio no fue informada de ello, hasta que empezaron a aparecer las ramificaciones, que finalmente la llevaron a la muerte.

No hay palabras para describir nuestra hermandad en la lucha y nuestra participación conjunta, junto a decenas de magníficos militantes comunistas y revolucionarios, que ella consideraba sus hermanos.

En este nuevo 16 de diciembre, cuando se cumplen 16 años de su desaparición, no tengo más que derramar una lagrima por la camarada ida y por nuestra amistad imperecedera.

TOMADO DE EL MURO DE FACEBOOK 

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