J.c. Malone / TESTIGO DEL TIEMPO

Nueva York.- Aunque digan que el narcotráfico corrompió la política, ocurre lo contrario, algunos políticos prostituyeron el narcotráfico, causando la inseguridad pública que sufrimos.

Con los políticos controlando narcotráfico y gobierno, no hay justicia ni consecuencias, nadie cae preso, porque todos son cómplices.

Los narcos fueron buscando protección, y los políticos le arrebataron el negocio.

Es ilegal vender drogas, los narcotraficantes violan la ley; debes cumplir siempre tu palabra, siempre respetan esa regla. Los narcos violan leyes, pero cumplen reglas, el político viola ambas, así corrompe al gobierno, prostituye al narcotráfico.

Los narcotraficantes, como empresarios formales, invierten y corren riesgos buscando ganancias en un negocio ilegal. Ahora, “la ley”, la hacen diputados y senadores, que son los políticos más ineptos, improductivos, haraganes y desacreditados del planeta.

Antes de sufrir la infección política, al narcotráfico lo manejaban hombres que honraban sus palabras, sellaban negocios millonarios con apretones de manos.

Los políticos llegaron, cerraban tratos con apretones de manos, después apresaban al narco, se quedaban con droga y dinero, empezaron “dando tumbes”. Para quienes no cumplen sus palabras, existen los sicarios, policías y verdugos del sistema judicial narco.

Los verdaderos narcos, como mafiosos auténticos, evitan los asesinatos, son “mala prensa” para el negocio.

El “sicariato florece” donde los políticos, que nunca cumplen su palabra, controlan el negocio. Los narcotraficantes tenían controles de calidad, los políticos narcos adulteran todo, nada les importa.

“Los últimos gramos que compré tenían muchísima harina de trigo”, me comentó un amigo el verano pasado. “Me roban el dinero para intoxicarme con porquerías. Y nada puedes pensar contra ellos, porque controlan la calle y el gobierno. Dejé el vicio, al menos, eso le agradezco a esos hijos de puta,” confesó.

Si la clase política no se limpia de esas crápulas, nunca recuperaremos la nación, porque todos son cómplices.

(Este trabajo fue publicado originalmente en febrero del 2015)

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