En nuestro artículo publicado en el periódico elCaribe en fecha 6 de agosto del pasado año 2018 escribimos lo siguiente: “y si hoy dijésemos a la población que en lo referente al fenómeno climático oscilatorio de El Niño y La Niña estamos en un período neutro, fruto de que en los últimos meses las temperaturas en la superficie del océano Pacifico han estado variando entre 0.5 grados Celsius por debajo de lo normal, y 0.5 grados Celsius por encima de lo normal, pocos pensarían en las posibilidades de que para el final de este año 2018 entremos en un período moderado de El Niño, pero que ya para el año próximo podríamos estar en un Niño intenso, lo que implicaría proyecciones de agudización de las sequías para toda nuestra región del Caribe. Agosto, septiembre y octubre son los 3 meses de mayores probabilidades de impactos de tormentas y huracanes en la región del Caribe, y como las tormentas y los huracanes siempre vienen en compañía de extensos campos nubosos que descargan muchas lluvias, es preciso estar muy pendientes a las lluvias que deben caer en estos tres meses que tenemos por delante, y almacenar la mayor cantidad posible de agua para luego administrarla racionalmente, pues los pronósticos de lluvias son desfavorables para finales de este año 2018, y para el siguiente año 2019”.

Y así fue, pues agosto, septiembre y octubre fueron 3 meses de intensas lluvias, mientras noviembre, diciembre y enero han sido meses secos, afectando mayormente a la Línea Noroeste y a la región suroeste, lo que indica que las proyecciones fueron precisas, pero el agravante es que durante los próximos meses de febrero, marzo, abril, y primera mitad de mayo, las temperaturas en el océano Pacífico han de subir entre 1.0 y 1.5°C por encima de lo normal, lo que implicaría el desarrollo de un moderado fenómeno de El Niño que concentraría mayor cantidad de vapor de agua en el océano Pacífico y menor cantidad de vapor de agua en el océano Atlántico, lo que para Centroamérica y el Caribe se traduciría en una sequía regional por encima de la normal que es usual en el primer trimestre del año.

Esto quiere decir que aún nos resta convivir con una sequía que ha de durar unos 100 días más, pero que lamentablemente se ha de extender hasta cubrir importantes zonas de la cordillera Central, lo que indica que durante el próximo trimestre la pluviometría se ha de reducir significativamente en las cabeceras de los ríos Nizao y Haina, que alimentan a los acueductos de Santo Domingo y San Cristóbal; en las cabeceras de los ríos Yuna y Camú que alimentan al Cibao Oriental y al bajo Yuna; en las cabeceras de los ríos Jimenoa, Yaque del Norte y Bao que alimentan a los acueductos de Jarabacoa, Santiago y Moca; y en las cabeceras de los ríos Yaque del Sur, Las Cuevas y Grande que alimentan a la presa de Sabana Yegua, siendo un deber de todos los dominicanos comenzar a racionar el agua. Como medidas complementarias la CAASD podría perforar pozos tubulares en las gravas vecinas al río Haina y en las calizas coralinas de Santo Domingo, a los fines de obtener aguas subterráneas para distribuirlas en sectores en donde las redes no llevan suficiente líquido, pues, cuando las lluvias escasean, los caudales de los ríos son afectados negativamente y de manera directa, pero las aguas subterráneas no se ven afectadas en lo inmediato, aunque a mediano plazo se afectan por descenso de los niveles freáticos, los cuales se recuperan con las recargas que se producen cuando regresan las lluvias de la época de tormentas y huracanes.

El INAPA podría perforar pozos en las calizas coralinas de la planicie costera oriental, desde Boca Chica hasta Macao y Nisibón, en las calizas de las periferias de Los Haitises, en los abanicos aluviales de Baní, Azua, Neiba, Postrer Río, Descubierta, Boca de Cachón, Jimaní, Duvergé, Salinas y Barahona, en las areniscas de Vallejuelo y El Cercado, en las areniscas de Luperón y en las calizas de Puerto Plata, Río San Juan y Cabrera.

El INDRHI podría perforar pozos en las gravas y arenas vecinas al río Yaque del Norte, al río Mao y al río Guayubín, previa ubicación mediante perfiles geoeléctricos que permitan identificar los lugares donde existan mayores espesores de gravas y arenas subsuperficiales, y desde esos pozos alimentar lagunas para suplir los requerimientos de agua de los ganaderos de la Línea Noroeste. El ministerio de Agricultura y el banco Agrícola podrían considerar limitar la siembra de arroz por sus altos consumos de agua, mientras el ministerio de Ambiente podría incrementar la vigilancia forestal a los fines de evitar los incendios forestales propios de las épocas de sequía.

 

Por Osiris de León / ElCaribe.com.do

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