No hay dudas que la rendición de cuentas del presidente de la República ante la Asamblea Nacional, el pasado 27 de febrero, estuvo matizada por  luces y sombras, porque expuso aspectos positivos, y otros que se distancian de la objetividad.

Se trató de un discurso bien estructurado desde el punto de vista literario, y con una descripción coherente sobre los logros de la gestión gubernamental; sin embargo, se abordaron situaciones que contradicen la realidad social y económica del país.

Los proyectos orientados a garantizar el primer empleo a los jóvenes, facilitar viviendas a quienes conforman la clase media, modificar al Sistema de Seguridad Social y flexibilizar los impuestos a favor de medianos y pequeños empresarios, constituyen plataformas para ejecutar políticas públicas eficientes.

Aumentar los salarios de los servidores públicos es saludable, ya que elevarán sus ingresos, lo que mejorará las condiciones de vida.

Contraste
Al examinar la oratoria presidencial se establece que se resaltaron conquistas que chocan con la objetividad en los campos de salud, seguridad ciudadana, control de los precios de los productos de consumo masivo y que más de un millón de personas fueron apartadas de la pobreza.

Luego de la intervención del jefe de Estado ante senadores, diputados, ministros e invitados internacionales, se difundió la noticia de que 224 recién nacidos murieron en hospitales por deficiencia en las atenciones, el sanatorio José María Cabral y Báez, en Santiago, fue declarado en emergencia por el Colegio Médico Dominicano y otros centros de salud están en crisis; esto explica que el sistema sanitario afronta dificultades.

Los asaltos y asesinatos ejecutados por delincuentes, posterior al anuncio presidencial de que en República Dominicana está garantizada la seguridad ciudadana, evidencian que la Policía Nacional no cumple con la misión para proteger vidas y propiedades.

Tampoco hay estabilidad en las cotizaciones de los alimentos y productos de primera necesidad, debido a que las constantes alzas en los precios de los combustibles influyen en la subida de la canasta familiar.

Asimismo, es cuestionable que más de un millón de dominicanos dejó de ser pobre, en vista de que una población significativa continúa viviendo en cañadas, zonas marginadas y en los llamados cinturones de miseria.

Después de las palabras del Presidente, es un desafío de gobernantes y gobernados, hay que reflexionar para adquirir conciencia de la necesidad de trabajar unidos por una mejor nación, porque falta mucho para el crecimiento sustentable de la sociedad y el desarrollo humano.

LA INFORMACION

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