Por: Edwin Paniagua.

“Yahveh dijo así: Baja a la casa real de Judá y pronuncia allí estas palabras. Dirás: Oye la palabra de Yahveh, tú, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y tus servidores y pueblo – los que entran por estas puertas. Así dice Yahvéh: Practiquen el derecho y la justicia, libren al oprimido de manos del opresor, y no atropellen al forastero, al huérfano y a la viuda; no ejerzanviolencia ni derramen sangre inocente en este lugar. Porque si ponen en práctica esta palabra, entonces seguirán entrando por las puertas de esta casa reyes sucesores de David en el trono, montados en carros y caballos, junto con sus servidores y su pueblo (Jeremías 22 1-4). 

En el texto citado, sobresale una estructura triple del contenido: escuchar una exhortación, un programa de justicia y la recompensa de ponerlo en práctica. Especificamos “escuchar una exhortación” porque hay una referencia clara a obedecer y este término, de acuerdo con la página etimologias.dechile.net, viene del latín oboedire  ob audire, que significa saber escuchar. Lo primero pues, a lo que nos invita este pasaje es a escuchar. Y así solía dirigirse Dios a su pueblo, a través de los profetas: “Escucha, Israel…”. Escuchar es el principio de una relación sincera, profunda, estable y permanente. Hay mucha necesidad de escucha, en la familia, en el trabajo, en la sociedad. Escuchar al Señor, en la oración, en los sacramentos, en la naturaleza, en las injusticias, en las estructuras sociales, en las demás personas, especialmente, en los menos favorecidos. Jeremías alude, por ejemplo, a la injusticia, a la opresión, a la violencia y un grupo de personas marginadas. Delincuencia, jueces sordos a la Justicia, políticos y empresarios corruptos, violaciones sexuales, violencia de género, personas necesitadas. Escuchar y actuar: obedecer. Actuar según los principios divinos, asumiéndolos como nuestros. 

El Catecismo de la Iglesia católica dice: “No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad «presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela» (Concilio Vaticano I: DS 3008)” (154). Y en el número 155: En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina: «Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia» (Santo Tomás de Aquino, S.Th., 2-2, q. 2 a. 9)”. Cuando el padre, la madre, los esposos, el hijo, el hermano, el empleado, el empleador… escuchan y se orientan hacia la justicia, el amor y la libertad, solo pueden ocurrir cosas buenas. Lo mismo cuando el cristiano escucha al Señor y lo obedece.                                                            

-El autor es profesor universitario.

Deja un comentario

error: