Rafael E. Paniagua

Una tarde de este cálido verano, estuve leyendo un libro llamado Balón Dividido, del escritor y periodista Juan Villoro. Este trata del fútbol como tema principal. El capítulo Pasión extrema: una causa para suicidarse dos veces, versa sobre un joven inglés, apasionado del fútbol, que tuvo un accidente sin sufrir daño físico aparente, pero resultó con una lesión extraña; ya no tenía la misma perspectiva sobre el mundo: le parecía misterioso. Quiso ponerse al día, en el mundo futbolístico, para olvidar todas las falacias que vivía. Grecia había ganado la Copa de Europa y Australia logró entrar en la Copa del Mundo. Él no podía creer lo ocurrido y dijo: “Siempre pensé que lo único sincero de la televisión eran los programas de fútbol… Ahora veo en los noticieros información cada vez más absurda”. Ante esta decepción, intentó quitarse la vida dos veces, pero no lo consiguió. Padecía el síndrome de Cotard. Según medicina.ufm.edu: 

El síndrome de Cotard, también llamado delirio de negación o delirio nihilista, es una enfermedad mental en la que el afectado cree estar muerto (tanto figurada como literalmente), estar sufriendo la putrefacción de los órganos o simplemente no existir. En algunos casos el paciente se cree inmortal.

En la vida, nos encontraremos con personas que nos harán dudar si tienen o no este síndrome: les cuesta creer que usted pueda progresar y llegar más lejos que ellos. No conciben que una familia sea armoniosa. Les molesta que a usted le vaya bien en el área a la que se dedique. Y puede que su alegría les provoque niveles altos de sufrimiento (una de las consecuencias de padecer este síndrome).

Por otro lado, algunos creen que son inmortales y que nada los detendrá. También, hay otros que, si observas bien lo que llevan dentro, encontrarás un profundo vacío: es como si no tuvieran el deseo de vivir, literalmente, “muertos en vida”. Por tanto, analiza si estás con personas que te aportan, que te ayudan a crecer, no lo contrario. Recuerda que, incluso, gente que no tiene el síndrome actúa como si lo tuviera. Debes tratar de mantener esa energía negativa lejos de ti.

El cerebro es muy poderoso. Decía el maravilloso físico, Albert Einstein: “La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original”. En consecuencia, no permitas que la carga negativa pese más que tu trayectoria, el esfuerzo, la dedicación y las ganas de vivir. Mira apasionadamente hacia tu alrededor y disfruta la familia, los amigos, el trabajo, el estudio, el deporte… Finalmente, en Sommaroy (un pueblo del norte de Noruega) los habitantes solicitaron declarar el pueblo “zona libre de tiempo”; es decir, eliminar las horas, para así disfrutar más del día (tienen 24 horas de sol) y tener mayor libertad. En mi opinión, prefiero vivir en Sommaroy que padecer el síndrome de Cotard.

El autor es estudiante lasallista.

rafaeleliasboss@gmail.com

One Comment

  1. Johanna Esther says:

    Excelente 🤗

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