Frank Espino

Dr. Frank Espino

“Lo que llamamos buena sociedad no es, en su mayor  parte, más que un mosaico de caricaturas refinadas”

Fiedrich von Schlegel

Sin ser psicólogo, psiquiatra, ni muchos menos especialista en asuntos conductuales, siento que existe una frustración colectiva en todos los dominicanos, sobre todo los que vivimos en esta hermosa tierra  Quisqueyana.

Continuamente, vivimos haciendo comparación entre lo que merecemos y lo que debíamos tener, partiendo de los cambios que han ocurrido en el mundo, específicamente en el continente latinoamericano, donde una gran cantidad de necesidades han sido resueltas, o están en camino de resolverse. Sin embargo nosotros “estamos en pañales”, haciendo la relación con otras naciones del Caribe o aquellas con los mismos recursos que poseemos, desde lo humano hasta  los naturales.

Han pasado más de 50 años desde la muerte de Trujillo; viviendo en clima de “libertad” pero no hemos visto el disfrute de las “frutas esperadas” del progreso.

Todo se ha tornado negativo para avanzar en calidad de vida, en solidificar un país en todos los aspectos. Estamos llenos de leyes y reglamentaciones sin embargo, ni se cumplen ni se hacen respetar.

Nuestros servicios básicos, no son ¡Ni básicos!, pues todavía los cuidados de las  excretas, agua por tuberías y la energía eléctrica no les han  llegado a cientos de miles de ciudadanos ni en los pueblos ni en los campos. ¡Entonces, no habido avances! ¡El hambre y  la miseria nos colocan en sitiales nada envidiables!

¡La educación que es el pilar importante para el desarrollo de los pueblos! Ha sido una frustración sin esperanzas. Donde los números hablan por sí solos cuando muestran la cantidad de analfabetos diseminados en todas las clases sociales y territoriales.

Si pensábamos que a estas alturas, después de leyes protectoras a la ciudadanía iban a solucionar la gran problemática de salud. ¡Lo sentimos! No se ha resuelto casi nada! Todavía, cientos de pacientes mueren en nuestros desastrosos centros para enfermos llamados “hospitales”.

Si existe un aspecto que supuestamente ha tenido “cambios” por lo menos en la prensa, ha sido la Justicia. Pero apenas se hace imperceptible, partiendo de tantos casos aun sin resolver que van desde corrupción hasta asesinatos que nadie ha podido dar con los causantes.

En asuntos viales, no podemos ni compararnos con la mayoría de los países antillanos, sencillamente nuestros caminos vecinales, carreteras, calles y avenidas, son un desastre por la cantidad de hoyos, faltas de desagüe, y asfaltado correcto.

¿Que nos espera al envejecer? ¿Quiénes nos cubren ante una enfermedad catastrófica? ¿Daría una pensión para llevar una calidad de vida, cuando nuestras fuerzas desfallezcan y necesitamos medicamentos y servicios médicos adecuados en la senitud?

Cada persona que se desplaza por todos los lados, siente temor de un asalto, de una violación o de lo peor, la muerte por desaprensivos.

No hemos completado nada. No hemos resuelto nada. Solo podemos decir, no nos queda nada. Estamos en la nada. ¡Estamos en un punto muerto del progreso que llamamos “Nada”!

Examine cualquier renglón, sin apasionamientos, sin complicarse y observe cada eslabón  de la vida diaria desde lo educativo, justicia, educacion, servicios, salud y seguridad ciudadana, y pregúntese: ¿En que hemos avanzado en República Dominicana?

El autor es médico y catedrático universitario.

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