Lanzan en San José de las Matas globos color naranja al aire contra la violencia a la mujer (Foto archivo. José Miguel Rodríguez @Facebook)

Ayer se celebró en todo el mundo el “Día de la No Violencia contra la Mujer”, fecha escogida por las Naciones Unidas en conmemoración de las hermanas Mirabal, mártires de la tiranía de Trujillo en República Dominicana.

Previo a esa fecha conmemorativa, en el país se protagonizaron marchas en Santo Domingo y Santiago, exaltando el amor por la vida, como lo manda la cristianidad, y rechazando todo tipo de violencia contra la mujer.

Esas manifestaciones constituyen eventos colectivos en defensa del respeto a la mujer y sus derechos, al tiempo que elevan el nivel de conciencia colectiva a favor de la convivencia pacífica en las relaciones de hombre y mujer.

Esas movilizaciones en nuestro país se producen en momentos en que la violencia contra la mujer viene alcanzando cifras y frecuencias alarmantes, en la forma de feminicidios, sobre todo durante este mes de noviembre, en el que se ha registrado una frecuencia record, sacudiendo la conciencia nacional y el estado de tranquilidad ciudadana.

La violencia, y en particular el feminicidio, constituye un fenómeno multicausal que tiene que ver con los procesos de transformación de la sociedad, los cuales han desmantelado los mecanismos sociales del control social que operan como los estabilizadores en las relaciones humanas en general y en particular en las relaciones mujer-hombre. Esos estabilizadores tienen que ver con las funciones de la familia, la escuela y la comunidad vecinal, funciones que al debilitarse con los cambios sociales, ya no están cumpliendo las tareas de socializadores para que los individuos, hombre y/o mujer, internalicen el autocontrol de la conducta, en la forma de “la voz de la conciencia”.

A esa nueva situación se le añade el hecho de que los controles externos, que antes se ejercían a través de la autoridad familiar, escolar y fiscalizadora, policía y justicia, hoy día exhiben bajos niveles de efectividad, por lo que no operan como elementos represivos efectivos que hagan viable el régimen de consecuencias. La ley no reprime las conductas desviadas y violentas de los actores, hombre o mujer, y la criminalidad se convierte en la expectativa de salida.

En esas circunstancias la “cultura de la liberación” vigente en la relación hombre y mujer, se expande coexistiendo con la “cultura machista” que también permanece vigente en la relación hombre-mujer. Ese choque de ambos patrones culturales contrapuestos, provoca muchas veces interacciones conflictivas y de incomprensión en las relaciones inter sexo, lo que se traduce con frecuencia en frustración que conduce a la violencia del hombre contra la mujer.

Por eso el fenómeno de los feminicidios resulta de alta complejidad, pero cuyo abordaje debe partir de: políticas públicas de desarrollo humano que generen oportunidades de realización por igual entre hombre y mujer; del restablecimiento y consolidación de la institucionalidad legal que reprime la conducta desviada; y del fortalecimiento y reorientación de las instituciones socializadoras que forman en autocontrol de la conducta individual.

En ese último sentido, hay que incorporar en las escuelas módulos de enseñanza-aprendizaje que reentrenen a hombres y mujeres en sus roles, en el marco del nuevo contexto cultural de mayor libertad de hombre y mujer.

¡El combate de la violencia de género ha de ser coherente y racional desde el Estado y la sociedad!

 

Fuente: LaInformacion

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