Guandulito es el nombre artístico del destacado artista folclórico Dionisio Mejía, acordeonista, cantante y compositor popular de merengues en la modalidad de Perico Ripiao, que según sus biógrafos, se caracterizaba “por la buena digitación que hacía con su instrumento, por su forma inconfundible e inimitable de cantar y por los cuentos y comentarios jocosos introducidos en las letras de sus canciones cargadas de creatividad.

Lo recuerdo porque compartí con él y con el elenco integrado por 50 artistas, durante una gira de 5 días, y me llamó la atención su particular forma de ser, y la reacción con que el público recibió sus presentaciones en dos escenarios diferentes: el primero, en el Madison Square Garden de Nueva York, y luego, en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan Puerto Rico. Guandulito con su grupo, y nosotros, o sea, Franklin Domínguez, Iván García Guerra, Ramón Oviedo y yo, componíamos el grupo de teatro, representando en 4 escenas de la obra de Franklin: “Duarte, el fundador de una República.

Me llamó la atención su personalidad de bajo perfil; siempre callado, solo hablaba fuera de su grupo si alguien lo abordaba. Era humilde en cualquier lugar, avión, hotel o camerino. Ocupaba un lugar un lugar distante, discreto. Su andar era lento y bajo el volumen de su voz. Su vestuario de artista y personal era pobre, sin los artificios y adornos para una imagen espectacular.

Lo que mi mente mantiene viva fueron sus presentaciones. A Guandulito le fue asignado un turno más o menos a mitad del espectáculo, es decir, no tenía un lugar considerado estelar de cierre o previo a éste; pero cuando el maestro de ceremonias anunció su nombre, el público le ofreció la ovación más intensa de todas las funciones. Aquello fue impresionante. Extraordinario. El sentimiento de amor que le dispensó la audiencia. Yo no lo podía creer. La prensa reseñó que en uno asistieron 18,000 espectadores y al otro, alrededor de 10,000. Todos pedían más interpretaciones pero Guandulito cumplió con las canciones asignadas y con la misma humildad se retiró del escenario ovacionado por su pueblo. Inolvidable para mí.

En esa empatía, en esa compenetración o fusión de sentimientos que se da entre el artista y su pueblo, en este caso, del folclore nacional, se encuentran los ingredientes más importantes que forman parte de nuestra Identidad. Ese conjunto de valores es el que debemos proteger y fomentar en la sociedad dominicana. Es lo que nos caracteriza y nos fortalece. Este concepto es válido para cualquier sociedad.

Jamás lo volví a ver. Luego supe que siempre vivió y murió en la extrema pobreza. Que un empresario radial lo explotó sin misericordia, por 4 merengues le pagaba “35 pesos”. Fue autor de merengues clásicos como Jovinita, dedicada a su esposa con la que procreó 8 hijos, El Cuento de la Guinea, Amores Escondidos…Guandulito vivía en una estrecha habitación que apenas podía pagar el alquiler de 10 pesos mensuales. “Mis hijos duermen donde los vecinos” dijo en una ocasión. “Mi acordeón no sale de la compraventa”. Compañeros artistas donaron el ataúd para enterrarlo.

El Día Nacional del Merengue, o la declaratoria de la UNESCO de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, deben servir para algo más que figurar en las efemérides o para decir que en 1854 apareció publicado por primera vez el vocablo merengue en el periódico “El Oasis” de Santo Domingo. Debemos tratar que la injusticia social acumulada sea menos desequilibrada.

Existen muchos y famosos merengueros dominicanos, pero hoy, preferí recordar a este talentoso artista: Guandulito.

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