Escuela Trina Moya de Vázquez ( archivo)

Los resultados que muestran las pruebas Pisa presentados en Paris, describen un panorama frustratorio respecto a la “Revolución Educativa” y sus graves déficits en términos de la calidad de la educación dominicana.

De acuerdo a esa prueba internacional, el 75 % de los estudiantes que se sometieron a dicha prueba obtuvo un bajo rendimiento en lectura, matemática y ciencia, colocando al país entre los perores en calidad de la educación. La educación dominicana reprobó el examen, poniendo en entredicho las “bondades” de la “Revolución Educativa”.

Esos resultados no deben de extrañar, porque la “Revolución Educativa” en el caso dominicano se ha concentrado en el Plan Nacional de Construcción de Escuelas”, acción que forma parte de la logística de apoyo a la educación, pero que no afecta necesariamente la naturaleza del  proceso educativo, proceso que no se refiere al espacio físico, sino al conjunto de fines y medios aplicados para la transformación del alumno en un actor social en capacidad de responder con eficacia y eficiencia a las demandas de la sociedad luego de ser sometido al proceso de enseñanza-aprendizaje.

En ese proceso cuenta la infraestructura física, pero más aún cuentan: el maestro y su buena formación y capacitación; el currículo que alude a los contenidos educativos y las experiencias de aprendizaje en las variadas competencias que se ofrecen a los estudiantes; las experiencias de evaluación que miden el nivel de aprovechamiento del aprendizaje; la tecnología aplicada en el proceso de aprendizaje; las formas de integración de la comunidad educativa y de la propia familia de los alumnos que fortalecen el proceso educativo, entre otros componentes de la educación.

Muchos de esos componentes aún están ausentes de la “Revolución Educativa”, la cual se ha limitado a la infraestructura escolar, complementadas con políticas sociales como la “jornada extendida” para facilitar objetivos sociales y políticos como son los programas de alimentación, desayuno escolar, almuerzo y merienda, que son otros aspectos de logística que no se refieren a los procesos cualitativos de la educación, aunque son necesarios e importantes para mantener atraídos a los estudiantes y sus familias.

De manera que está pendiente diseñar y aplicar un Plan Nacional para la Calidad de la Educación, el cual deberá tomar en cuenta todos esos componentes que determinan su calidad, y para los cuales se deberán definir objetivos y metas sobre la base de los indicadores cualitativos y cuantitativos que determinan finalmente la calidad de la educación.

La herramienta de la Planificación Educativa tiene que acompañar una buena gestión para que el país logre la calidad de su educación, al menos a nivel inicial, básico y medio, de manera tal que a las universidades reciban un alumnado mejor preparado a nivel de los estándares internacionales. De esa forma la educación podrá realizar con efectividad su contribución como factor para el desarrollo dominicano.

Consciente de esa limitaciones, el Ministro de Educación ha admitido que los resultados de las pruebas Pisa son insatisfactorios, “lo que nos compromete a seguir dedicando esfuerzos, estrategias y planes que nos conduzcan a los avances que todos esperamos en educación”.

¡Ese compromiso es el inicio del camino a seguir!

Fuente: LaInformacion.com.do

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