Profesora Gladis Díaz

Por: Gladis Díaz.
Rosa se había levantado muy emocionada porque esta Nochebuena sería diferente a la de años pasados: en lugar de celebrarla con escasos alimentos y regalos sencillos, habían sido invitados por el tío Juan, que era muy adinerado. Él vivía solo y quería compartir con ellos esa velada especial.  La fiesta inició cuando un carro lujoso se estacionó frente a su humilde morada para trasladarlos a la esplendorosa mansión. Rosa y su hermano Pedro estaban fascinados al llegar, pues era como actuar en una película de Disney. El tío los esperaba en el comedor principal para darles la bienvenida.

La cena fue glamurosa y gourmet: una variedad infinita de entradas, un bufé con jugosas carnes, propias de la ocasión, y una cantidad interminable de deliciosos postres.De fondo, se escuchaba un concierto de villancicos clásicos. Y aún faltaba lo mejor: cada uno, recibió varios regalos muy finos. Ninguno lo podría creer. “¡Qué felicidad!”, le dijo Rosa a su hermano Pedro. Ya de regreso, escuchó que su padre le decía a su madre que, si ellos tuvieran una fortuna como esa, serían felices. A Rosase le ocurrió una idea: le escribiría una carta al niño Jesús para que su regalo de Navidad fuera que hiciera realidad el deseo de su papá. Al día siguiente, el abogado del tío Juan llamó a la puerta y les comunicó la noticia del repentino fallecimiento de su pariente. Y en vista de que ellos eran la única familia que él tenía, eran los herederos exclusivos de toda su fortuna.

La profunda tristeza que los embargó pronto fue disipada por la inmensa alegría de su nuevo estilo de vida. todo marchaba bien, pero con el manejo de las empresas y las actividades sociales de los padres y curriculares y extracurriculares de los hijos, ya no había tiempo ni siquiera para comer juntos. El padre, por un lado; la madre, por el otro; cada hijo en su propio mundo, con sirvientes que atendían sus necesidades: en eso consistía su nueva felicidad. Un año después, Rosa que extrañaba todos los momentos compartidos con sus seres queridos,escribió otra carta: esta vez le propuso al Niño Jesús que intercambiara del dinero por su familia para tener una verdadera navidad feliz, como antes.

 

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