Gabrielle Marie Paniagua Díaz

Cierto día, estaban conversando Buba, el búfalo; Bobi, el antílope; Muecas, el chimpancé y Javier, el jabalí. Planificaban asistir a una fiesta salvaje, que se realizaría el sábado próximo. Bobi preguntó: – ¿Nuestros padres nos darán permiso? Todos se miraron y permanecieron en silencio. Entonces, Muecas dijo: – Tendremos que escaparnos. Lo pensaron un momento y aceptaron, tímidamente.

El día de la fiesta, los padres de ellos estaban ocupados charlando sobre el trabajo de la semana, organizando sus casas, de compras, cocinando… Los amigos aprovecharon estas situaciones para salir. Ninguno de los adultos notó que los chiquitines no estaban en casa.

La fiesta estuvo muy divertida. Se presentaron muchos artistas, había alimentos de todo tipo, como carnes, vegetales, postres. En general, tuvieron una experiencia fabulosa. Ahora bien, de regreso a casa, tuvieron dos problemas: se extraviaron y Felipe, el tigre los estaba persiguiendo. Javier se cansó y Felipe lo atrapó.

 En ese preciso momento, aparecieron todos los padres, familiares y vecinos de los   pequeños. Cuando Felipe vio la multitud de animales que venía hacia él, se asustó, soltó a Javier y corrió a toda velocidad, en dirección contraria. Una vez a salvo, los padres conversaron con ellos y les explicaron que, siempre, los hijos deben tener mucha confianza en sus padres. Para celebrar, hicieron una gran fiesta.

 

La autora es estudiante lasallista.

(3er. grado de Primaria, del Primer Ciclo).

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