Edwin Paniagua

Edwin Paniagua.
Al día siguiente de la suspensión de las elecciones, el presidente Danilo Medina se dirigió a la nación, en un breve discurso. A continuación, comentaremos algunos fragmentos. El jefe del Estado destaca que “nos encontramos ante una situación sin precedentes” y a seguidas, convoca “a los poderes del Estado a actuar conjuntamente en pro de los mejores intereses de la nación”. Distinguido mandatario, ni fue el poder legislativo ni el ejecutivo quienes afectaron el desarrollo de las elecciones: fue la Junta Central Electoral. Su intervención, por tanto, debió ser para anunciarle al pueblo que suspendería a esos funcionarios del Estado y los sometería a la Justicia, en las próximas horas. De hecho, es lo que establece la ley de función pública, en su artículo 88.

Y así continuó por un despeñadero argumentativo (o, mejor dicho, falaz): “Poniendo en todo momento los intereses del país por encima de los intereses partidarios”.Pues resulta que, irónicamente, en este momento ambos parecen coincidir: tanto el país – el pueblo – como la mayoría de partidos políticos anhelaba, y anhela, esas frustradas elecciones, pero con jueces confiables.

“Como dije anteriormente, esta situación cuenta con los cauces institucionales para resolverse y deberá ser resuelta de acuerdo a la Constitución y las leyes”. Señor presidente, esto es tan grave, que como usted sabrá, ni la Constitución ni la ley electoral ni la de partidos políticos contemplan la figura de la “suspensión” de elecciones. Peor aún: estamos en un limbo jurídico, que debería resolver o el Tribunal Constitucional o el Congreso.

“(…) Es mucho lo que podemos perder si nos dejamos llevar por la senda del fanatismo. No es momento de sembrar el caos ni de actuar de manera impulsiva. No podemos permitir que unos pocos que no quieren regirse por las reglas democráticas manchen la reputación de nuestro país, propaguen noticias falsas, pongan en entredicho nuestras instituciones y amenacen la senda de progreso que venimos recorriendo”. Mejor dicho de ahí, imposible.

La ironía está, señor presidente, en que todo lo que usted describe fue, precisamente, la Junta Central Electoral quien lo hizo: sembró el caos al suspender sin explicación concreta las elecciones; no se rigió por las reglas democráticas, ya que atentó contra el mismo corazón de nuestra frágil democracia, al interrumpir abruptamente los comicios. Es esa institución la que nos desacreditó ante la OEA, manchando con ello la reputación a la que usted alude. Y, en adición, fue la Junta la que propagó la falsa noticia de que todo estaba bien, para que acudiéramos a votar. Y hasta acertó al señalar que fueron “unos pocos”. Por supuesto: fueron ellos (sabrá Dios si intencionalmente o no; si siguiendo órdenes o no). Y digo “sabrá Dios” porque en nuestro país nos hace falta una institución muy importante, que está presente en la mayoría de los países: la Procuraduría General de la República. Y no, señor presidente, la reacción indignada de una parte importante de la población no es “fanatismo”, sino “patriotismo”. Esas personas no están arengando a las demás a votar por un partido: están reclamando su derecho a elegir.  Edwin Paniagua.

El autor es profesor universitario en Santiago de los Caballeros.

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