Por: Edwin Espinal Hernández.

Durante la pandemia de influenza o gripe española de 1918-1919, la provincia de Santiago fue puesta en cuarentena por el gobierno militar estadounidense de ocupación y se prohibió la comunicación con las provincias de Monte Cristi, Puerto Plata y La Vega. Ello no impidió la aparición de casos, produciendo la primera muerte el 21 de diciembre de 1918.
Se constituyó un Comité Ejecutivo de Socorros Públicos para Influenza, el cual dividió la ciudad en cuatro cuarteles, encabezados por médicos, y nombró jefes de manzanas, todo para adoptar medidas que apuntaran a la ejecución de los lineamientos de las autoridades sanitarias. Ese comité también obligó a los propietarios de automóviles a suministrarlos para el traslado de enfermos y fijó el control de las informaciones sobre fallecidos, atacados y convalecientes. Para el 18 de enero de 1919, el 66% de la población santiaguera había sido contagiado por la enfermedad, de la cual había fallecido el 2%. La ciudad tenía entonces 16,447 habitantes.
Tanto La Información como El Diario estuvieron repletos de avisos de personas y familias enteras convalecientes y listados de víctimas de la pandemia. Con el aumento de militares y policías municipales afectados, los bomberos asumieron las funciones de mantenimiento del orden en cuarteles y puestos policiales. También se ocupaban sepultar víctimas del mal. En los momentos más duros de la enfermedad, debido al gran número de contagiados, se fueron cerrando paulatinamente fábricas, comercios, escuelas, iglesias, un banco comercial, clubes, etc. Hubo momentos en que los periódicos no salieron o lo hicieron con solo una o dos páginas, por la ausencia de linotipistas, operarios de máquinas y redactores. Incluso, la ausencia de repartidores afectó la circulación de estos medios. Algo similar ocurrió con la revista La Semana. Por hallarse enfermos empleados de la oficina de correos se acumuló correspondencia.

En los primeros días de enero de 1919, la cuarentena afectó seriamente el flujo de víveres, leche, harina, pan y carnes al mercado, lo que obligó al ayuntamiento a comprar víveres en otras provincias vecinas, los cuales eran vendidos a bajo precio. La Logia Nuevo Mundo No.5 montó una cocina, en la cual suministró más de 200 raciones diarias y camiones militares regalaban alimentos en las barrios pobres atacados por el flagelo. Personas pudientes donaban alimentos y medicinas a personas humildes, así como camas, sábanas, ropa y utensilios, al Hospital San Rafael. Varias agrupaciones de asistencia fueron creadas (Extracto de la conferencia “La pandemia de gripe española de 1918 y su impacto en la República Dominicana”, de Virgilio Gautreaux, pronunciada el 27 de marzo de 2019 en la Academia Dominicana de la Historia).

Deja un comentario

error

¿Te gusta lo que hacemos? ¡Riega la voz!

losmatense@gmail.com
https://www.youtube.com/channel/UC14s0hj3nGoJ4iAFJcgd7vw?view_as=subscriber
https://www.instagram.com/osirisrodriguez21/?hl=en
error: