El tan deseado 2020 inició con noticias desalentadoras. Pocos días después de celebrar el año nuevo, se dio a conocer la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial entre Estados Unidos e Irán.  Más tarde, el 9 de enero, el coronavirus cobró la primera vida en Wuhan, China. En Australia hubo grandes incendios; múltiples sismos sacudieron El Caribe. No menos impactante fue la inesperada partida de la estrella del baloncesto Kobe Bryant. Y solo en enero.

La sorpresa negativa que más nos ha perjudicado lleva como nombre COVID-19. Esta devastadora, pero silenciosa enfermedad es responsable de la parálisis mundial que estamos viviendo. Su rápida propagación llevó a las autoridades a tomar medidas drásticas como la cuarentena y el toque de queda, con el propósito de reducir el número de contagios. De acuerdo con la universidad Johns Hopkins, en el mundo se han registrado alrededor de 4,000,000 de casos confirmados y 300,000 fallecidos por su causa. Era de esperarse que una problemática de tal magnitud impactaría en todas las áreas. Además de las consecuencias obvias, debido a la pandemia se han incrementado los niveles de ansiedad y estrés. Según el psicólogo clínico, Juan Castilla: “En situaciones como esta, hacen mella con mayor facilidad los sentimientos de soledad, miedo, incertidumbre o tristeza”. Podríamos añadir la impotencia y desesperación.

Evidencia de lo anterior, en el plano económico, es que millones de personas que dependen del comercio diario, pararon de trabajar. Pero quien está trabajando desde el hogar, se sobrecarga, empleando más tiempo, a sabiendas de que no obtendrá los mismos beneficios (sin mencionar que no tendrá la privacidad para realizar su labor). En el ámbito educativo, se tomó la decisión de continuar las clases a distancia, lo cual es una buena alternativa, siempre y cuando los maestros y los estudiantes estén capacitados y cuenten con la tecnología necesaria. Hasta en el plano deportivo la impaciencia ha causado estragos: LeBron James en una entrevista, no pudo ocultar su frustración por no poder concluir la temporada, que parecía perfecta para él.

En mi caso, durante estos meses, Cibao FC (equipo de fútbol al cual tengo el privilegio de pertenecer) nos ha brindado la oportunidad de tener contacto con jugadores de renombre internacional, así como con diversas especialistas (nutrióloga, psicóloga…). A propósito de la situación, la Dra. Michelle Rodríguez nos recomendó algunas actividades útiles para mejorar el estado de ánimo y para aprovechar el tiempo. Entre otras, destacó las siguientes: diferenciar zona de trabajo y zona de descanso, hacer ejercicios para mantener tanto la salud física como mental y que utilicemos el tiempo para construir nuestro proyecto de vida.

Durante este confinamiento, suelo entrenar de lunes a viernes, supervisado por un entrenador del Cibao FC. Además, colaboro en los que haceres del hogar, por ejemplo: hago jugos, friego, cocino, ayudo en la limpieza. También, comparto con mi familia: converso con mis padres sobre mis posibilidades futuras, juego con mi hermanita: hasta yoga hicimos. Caliento los vehículos, les doy una vuelta y los lavo (todavía no puedo colaborar con el combustible). Continúo leyendo algunos libros y escribiendo artículos. Me comunico con familiares y amigos. Para despejar la mente, veo películas y series. Para finalizar, debo decir que, a pesar de esta dolorosa realidad, le doy gracias a Dios porque he aprendido que el dinero no es más importante que la salud ni que las personas y que la vida es invaluable. ¡Nos vemos pronto!

El autor es estudiante lasallista

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