Expedicionarios del 14 de junio de 1959

Aunque aplastados militarmente en una lucha desigual, la acción heroica de las expediciones del 14 y el 20 de junio es preciso analizarlas a la luz de su singular impacto en el despertar de la conciencia libertaria del pueblo dominicano.

Por REYNALDO R. ESPINAL / Acento.com.do.

Conmemoramos hoy, 14 de junio, el 61 aniversario del arribo por las montañas de Constanza del primer puñado de héroes que, como expresaría en una ocasión el Dr. José Francisco Peña Gómez, “vinieron con sus titánicas pisadas desde la perla de las antillas a prender el pabellón cruzado en el riñón de la cordillera central”.

Tan ardua como necesaria es la batalla por la preservación de la memoria y tal vez lo que es más importante aún: evitar que intereses espurios de toda índole falsifiquen a conveniencia y desdibujen para las nuevas generaciones, el significado de esta hazaña, tan decisiva en “el principio del fin” de la cruenta satrapía trujillista.

Seis meses y 14 días habían transcurrido desde la entrada triunfal en la Habana del movimiento rebelde liderado por Fidel Castro que puso fin a la tiranía de Fulgencio Batista, acontecimiento que se convierte en un parte aguas en el devenir histórico latinoamericano y mundial. Estímulo para quienes luchaban por la libertad de sus pueblos y llamada de alerta a los dictadores: si había caído Batista, ningún dictador era invulnerable.

Inspirados en tales ideales arribaron a la patria los expedicionarios, conscientes de que su sacrificio heroico constituiría una necesaria clarinada para despertar la conciencia patria, en gran parte aletargada por casi tres décadas de asfixia totalitaria. Prueba al canto de esta determinación es una hermosa carta que el 15 de marzo de 1959, tres meses antes del arribo de la expedición, escribe a su madre Tony Mota Ricart, uno de los jóvenes héroes caído en combate:

“…si alguna vez recibes esta carta ya yo estaré muerto, y en este momento lo único que se me ocurre es pedirte perdón por todas las cosas que te he hecho…Lo único que te pido en este momento es que prosigas tu vida como si nada hubiese pasado; piensa que nada ni nadie es imprescindible…Jamás pienses ni trates de echarle la culpa a nadie de lo que me ha ocurrido, todo lo que he hecho lo he hecho con los ojos bien abiertos, y sabiendo que era casi seguro que me mataran…Pero a pesar de todo esto daría con gusto mi vida con tal de acabar con la maldición que desde hace 29 años pesa sobre Santo Domingo”.

De 198 expedicionarios, apenas 58 murieron en combate. El resto, masacrados sin piedad, ya prisioneros, por la sevicia de Ramfis Trujillo y sus secuaces instalados en la base militar de San Isidro.

Aunque aplastados militarmente en una lucha desigual, la acción heroica de las expediciones del 14 y el 20 de junio es preciso analizarlas a la luz de su singular impacto en el despertar de la conciencia libertaria del pueblo dominicano.

Fue a partir de entonces cuando comienza a articularse con mayor vigor y disciplina organizativa el movimiento clandestino 14 de junio, nacido oficialmente con dicho nombre el 10 de enero de 1960, a sugerencia de la heroína nacional Minerva Mirabal, cuando reunidos en la finca del empresario arrocero de Mao Valverde Charlie Bogaert, constituyen su directiva en la clandestinidad bajo el liderazgo del también héroe nacional Manuel Aurelio Tavárez Justo.

En la visión de Manolo, Minerva y los forjadores del movimiento clandestino, su rol histórico era continuar la lucha para alcanzar los objetivos políticos de los inmolados expedicionarios, quienes en su programa mínimo los dejaron plasmados como fundamento ideológico de su acción.

El develamiento del movimiento conspirativo, precisamente en enero del 1960 y los consiguientes apresamientos e innombrables torturas de los jóvenes en las mazmorras de la 40 y la victoria, parte importante de ellos pertenecientes a familias de clase media alta, puso en evidencia la magnitud del descontento social hacia la tiranía, quien como respuesta arreció su acción represiva.

La jerarquía católica, que durante 30 años se había mostrado obsecuente con los dictados del régimen, alza su voz, bajo el aliento del nuncio papal Monseñor Lino Zanini, al publicar su famosa Carta Pastoral, firmada el 25 de enero de 1960 y leída en todas las parroquias el último domingo del mismo mes.

Esta acción eclesial inédita, de grandes repercusiones internacionales, pues la misma fue presentada como prueba acusatoria por el gobierno de Venezuela contra Trujillo en febrero de 1960 en el marco de la Organización de Estados Americanos, es preciso entroncarla con las acciones expedicionarias de junio de 1959, contribuyendo a intensificar el aislamiento internacional del régimen, que siete meses después, como resultado del atentado contra el presidente Rómulo Betancourt, quedó excluido, en agosto de 1960, del sistema interamericano.

La etapa post-Trujillo del 14 de junio es compleja y preñada de lecciones. A un mes y ocho días de ajusticiado el tirano, se inició su rearticulación, bajo la denominación de “Agrupación Política 14 de junio”. El Dr. Manuel Aurelio Tavárez Justo, líder de la organización, ocupa la presidencia del comité ejecutivo central

Comenzaron las reuniones organizativas en la residencia del cardiólogo José Antonio Fernández Caminero, a quien se le designaría portavoz, y quien dejaría sentada la actitud de su papel en la nueva coyuntura de construcción democrática que alboreaba en el país: “nuestra organización es de puerta abierta para los que están inspirados en los ideales de libertad y democracia, y hacemos un llamamiento a nuestros simpatizantes para que nos concedan el tiempo indispensable para preparar la presentación final de nuestra organización, la cual ha de desarrollar sus actividades dentro de las garantías que ofrece la Constitución y que el actual gobierno ha prometido hacer cumplir”.

Pero Ramfis Trujillo, entonces el verdadero poder detrás del trono, en su estrategia de congraciarse con los americanos, daría una nueva bofetada a la memoria de los héroes de junio, haciendo aprobar, bajo la presidencia formal de Joaquín Balaguer, la ley No. 5584, mediante la cual se creaba la Orden del Mérito 14 de junio, con el propósito de “honrar a los militares y civiles que con lealtad y abnegación participaron en las acciones de Constanza, Estero Hondo y Maimón”.

Deliberado intento de falsificación de la memoria. Los héroes eran los militares al servicio de un régimen tiránico y los villanos los jóvenes expedicionarios. Era la continuidad del discurso triunfalista enarbolado por el régimen al cumplirse el primer aniversario de la expedición, que en términos peyorativos se refería a las “huestes comunistas que trataron de subvertir el orden y la paz del país”.

Por ser un documento poco conocido, se transcribe in extenso, a continuación, el contenido de la referida ley:

CONSIDERANDO que el insigne Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, sugirió la creación de las medallas de “Luperón”, “Constanza”, “Maimón” y “Estero Hondo”, con el loable propósito de condecorar con ellas a los militares y civiles que se destacaron en la persecución, captura y muerte de los desalmados aventureros que trataron de mancillar nuestra soberanía y profanar nuestro suelo”.

CONSIDERANDO que de igual modo se debe premiar y honrar tanto a los militares como  a los civiles que, aunque no tuvieron una participación directa en las acciones efectuadas contra los sediciosos que pretendieron turbar la paz de la República, en Constanza, Maimón y Estero Hondo pero hicieron posible con su colaboración el triunfo de nuestras armas.

HA DADO LA SIGUIENTE LEY:

Art. 1.- Se crea la Orden al Mérito “ 14 de junio” para premiar y honrar de manera especial a los militares y civiles que aunque no tuvieron una participación directa en las acciones contra los sediciosos que pretendieron turbar la paz de la República, hicieron posible, con su colaboración, el triunfo de nuestras armas en Constanza, Maimón y Estero Hondo, en mérito a la lealtad y abnegación que demostraron en las respectivas acciones que se desarrollaron en defensa de la Patria frente a la agresión comunista.

Art.2.- Cada una de las medallas o condecoraciones expresadas consistirá en una cruz de malta con ribetes de metal que contendrá en su centro la efigie del Generalísimo Dr. Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, en alto relieve, y bordeando el busto un círculo de esmalte blanco con una leyenda que diga: “Orden al Mérito 14 de Junio”, en su parte superior y, en la inferior, cinco estrellas; los brazos de la cruz terminarán en un ángulo saliente en forma de pirámide, de esmalte rojo bermellón. En el reverso dicha medalla tendrá en su centro el escudo nacional y bordeando dicho escudo un círculo de esmalte blanco con una leyenda que diga: “ Lealtad y Abnegación”.

Art. 3.- Las medallas que se instituyen por la presente ley serán de dos clases: las de la clase militar, de cuatro categorías, y las de la clase civil, que se compondrá de dos solamente:

Párrafo I.- Las de la clase militar se distinguirán porque los brazos de la cruz se unirán por una corona de laureles sobresaliendo de las mismas dos espadas en forma de trofeo.

Párrafo II.- En las de la clase civil, los brazos de la cruz estarán solamente unidos por la corona de laureles.

Art. 4.- En la clase militar las medallas correspondientes a la primera categoría se conferirán a los Oficiales Generales, las de la segunda a los Oficiales Superiores, las de tercera a los Oficiales Superiores, las de tercera a los Oficiales subalternos y las de la cuarta a los alistados y serán confeccionadas en oro, en plata, en níquel y en bronce, respectivamente.

Art. 5.- En la clase civil, las medallas de la primera categoría se conferirán a los civiles que cooperaron en la defensa de la Patria, y en la segunda categoría a aquellos civiles que con su ayuda y con la prestación de servicios contribuyeron en forma destacada a hacer posible el triunfo de las armas nacionales, pudiendo otorgarse tanto una como otras en oro, en plata o en bronce, según el mérito de los actos en que se hubiesen distinguido las personas acreedoras a estos galardones.

Art.6.- Dichas condecoraciones serán otorgadas por Decreto del Presidente de la República.

Art-7.- Los demás detalles de las medallas a que se refiere esta ley, así como los diplomas correspondientes, se harán de acuerdo con los modelos que aprobare previamente el Presidente de la República.

Art.8.- Toda persona que sin autorización para ello use la condecoración instituida por esta ley, podrá ser sancionada con multa de RD$ 6.00 a RD$ 100.00 y con prisión de 6 días a 3 meses.

Su ilegalización durante la transición, deportaciones durante el Consejo de Estado, actitud ante las elecciones de 1962; escisión de posturas en la insurrección de Manolo entre noviembre entre noviembre y diciembre de 1963; su papel en los acontecimientos de abril de 1965 y sus desencuentros posteriores hasta fragmentarse irremisiblemente,  son otros capítulos de una historia apasionante que serán objeto de posteriores artículos y que forman parte del largo rosario de vicisitudes que han dificultado en la práctica la plasmación de los ideales políticos del 1J4.

Baste por hoy apelar al respeto y recuerdo agradecido hacia aquellos mártires de nuestra libertad. El compromiso con la preservación de su legado va más allá de siglas y  argucias retóricas. Es la adhesión sin dobleces ni claudicaciones vergonzosas a un ideal de vida. Un talante ético. Pues como afirmara un destacado intelectual y luchador antitrujillista dominicano, la generosidad del sacrificio de esos héroes, “sólo puede medirse con el precio que pagaron por su acción”

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