Biscuit

Por  Lincoln López

La primera vez que oí del vocablo “biscuit” fue en boca de mi abuela para referirse a las muchísimas figuritas que había en su casa, desde la sala pasando por habitaciones, baño y hasta los envases del comedor: salero, aceitero, vinagrero, etc., tenían  el formato de “biscuit”. Ella, de entrada, nos advertía cuasi en tono de reproche previo, más o menos lo siguiente: “cuidado si me rompen lo “bicuise”. Repetida una y otra vez en cada visita nuestra. Ella tuvo dos pasatiempos favoritos, y por lo tanto, sin interés económico, uno, coleccionar biscuit, y, el otro, confeccionar vestimenta para sus tres nietos. Sobre lo primero, obviamente, había nuevas y frecuentes adquisiciones de todos los colores y motivos, de animales, personas y cosas, como perros, gatos y cisnes, generalmente encadenados entre si…una niña y un niño besándose en los labios sentados en un banco de parque, la familia: padre, madre y dos hijos…motivos de la naturaleza, casa, flor, árbol…Fueron diseñados con una apariencia subliminal como el amor inocente y puro de los niños, como el acicalado y gordo perro del amo rico y como el desaliñado y flaco perro del amo pobre, como el aspecto pulcro del caballero y la facha del mugriento pordiosero…Unos parecían mejor terminados que otros.

Contemplar detenidamente el cambiante y delicado material fue mi primera experiencia museográfica intrafamiliar de la infancia en un Santiago de los Caballeros carente de un museo público.

No falta algún “biscuí” lavador que quisiera ser dueño de un lujoso apartamento o  de la torre completa, sin más esfuerzo para adquirirla que la intermediación de una acción con el lavado. No le disgusta que le apoderen de exoneraciones.

Hay “biscuises” tránsfugas que tienen la misma sonrisa para el de la derecha que para el la izquierda, para el de arriba y para el abajo, y siempre por una “jugosa” recompensa. Verbigracia, políticos. Se “sacrifican” por algún consulado o embajada, o por un maletín con un contenido en efectivo.

Algunos son “biscuises” militaristas, marciales, planchaditos, medallitas, responsables por fuera, y corruptos por dentro. Estos tienen la particularidad que su armazón es hueco como las figuritas de cerámica refugio de su “botín de guerra”. Además, de adquirir dos o tres rangos y fincas en el menor tiempo posible.

Los “biscuises” estéticos son llamados impropiamente artistas. Tienen cierta habilidad o destreza. Por ejemplo, lanzando a un lienzo huevo revuelto con pinturas múltiples, resulta un cuadro “vanguardista”.  Total de “músicos, poetas y locos, todos tenemos un poco”. Le agregan un poco de lenguaraz o de  “lenguaraje” hecho artículo periodístico o libro, y como pocos entienden por el alto analfabetismo cultural…los hay agudos…obtusos…

Muchos años después supe que el galicismo biscuit significa en español: bizcocho. La cerámica usada para el biscuit es muy frágil y sirve únicamente como elemento decorativo. Esa técnica se remonta al siglo XVII, posterior a  la Revolución Industrial, y se hicieron muy populares primero en Francia e Italia, y luego,  en todo el mundo.
Este bizcocho humano, tiene mucho suspiro y poco contenido, también es popular en estos tiempos y se venden por todo el mundo.

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