El bulevar de la vida: El Presidente y el Club de los Pendejos.

Para vivir con decoro, en progreso y libertad, una patria necesita de hijos con un corazón y un coraje digno de ejercer esos valores y sus riesgos sociedad dominicana, acorralada en sus miedos, indefensa en sus temores, apostó en mayo 20 al candidato del Partido de la Liberación Dominicana.

Danilo Medina nos vendió un libro, un verso, unos sueños… y nosotros se lo compramos. Venció, y ahora se trata de, cual Sor Joaquín Cardenal Sabina, pasar “de las palabras a los hechos”. Pero cuidado que eso no es tan fácil como se escribe.

Cada ser vivo, un gobierno, por decir, tiene la obligación primera de seguir existiendo, de sobrevivir.

Por eso, para “hacer lo que nunca se ha hecho”, el Presidente Medina necesita que muchos de nosotros hagamos lo que no hemos hecho nunca: Salir a las calles, a la barbería, al bar de la esquina, al puticlub o la librería a defender los buenos pasos del gobierno. (Los malos hechos, como siempre, claro que los vamos a condenar. Que nadie lo dude).

Para vivir con decoro, en progreso y libertad, una patria necesita de hijos con un corazón y un coraje digno de ejercer esos valores y sus riesgos.

Danilo no ganó solo las elecciones. A su lado hay gente maravillosa como hay también señores impresentables. A DM le apoyaron prohombres del honor y también testaferros de la muerte; la derechona de Torquemada y Opus Dei y la izquierda termocefálica ahogada en sus fracasos y sus despistes; los dueños del país y los desarrapados de la suerte. ¡Así se compone un son!

Así se ganan elecciones y se avanza a pasito lento. Lo otro es, quedarse de impoluto en su casa y ver pasar la historia lleno de amargura y resentimiento.

Así se hace la política y se construye la democracia, que es un espacio jodido donde tenemos que caber todos. Se trata de “llegar con todos y a tiempo”, incluidos los impresentables de siempre.

Esa es la imperfección de la democracia, lo demás es la perfección de las dictaduras y sus bíblicos “sepulcros blanqueados”.

La democracia a veces hiede, otra veces jode y casi siempre, como los amores impertinentes, nos parte el corazón. Pero hay que atreverse a la democracia como si fuera un amor, la vida.

Así como todos los argumentos del desamor se vencen con un beso y mucho corazón, las imperfecciones de la democracia las paga el sabor de la libertad. (Como el amante “su piel”, el hombre necesita la libertad, incluso para joderse).

Danilo necesita que los hombres de bien estén dispuestos a apoyarle cuando enfrente los males sempiternos de esta sociedad.

Así, cuando reduce a 6 los vice ministros en cada ministerio, y cuando desmantele la vaga burocracia de subdirectores y viceconsules por centenares, se está/rá echando en contra parte de su partido, los afectados y su familias. Lo mismo ocurrirá con los grupos de poder cuando vayan llegando las acciones de simple justicia social.

Es parte de nuestro problema: los malos militan en su maldad, seguros de sus desacciones, mientras los demás, andan por las ramas llenos de dudas, egos inflados y mucha desconfianza.

Para priorizar la lucha contra la pobreza hay que afectar las riquezas. Lo demás es ver llover “o jugar a inventase un universo tan solo para mirarlo a través de sus ojos”. Amén.

Fuente: z101digital.com/

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