Michelle ‘vende’ a su marido como un americano que sabe ‘lo que es sufrir’

Dice que Obama no ha cambiado y que le quiere más que hace 4 años
Por María Ramírez (elmundo.es)

Michelle Obama, durante su discurso anoche en Charlotte. | EFE

Michelle Obama subió este martes al podio de la convención demócrata con el aura de estrella que a su marido se le escapa. Laprimera dama lo tenía más fácil que hace cuatro años y aprovechó su popularidad para ‘vender’ la empatía que el presidente tiene con los votantes porque él ha “vivido” el sueño americano desde abajo.

“Barack sabe lo que es que una familia sufra”, dijo la popular primera dama, que fue recibida con gritos histéricos de entusiasmo y fue jaleada en casi cada párrafo de su media hora de discurso. Consiguió arrancar coros de “yes we can!” varias veces y gritos de“¡te quiero!” y “¡el vestido es maravilloso!”. Miles de banderolas decían “nosotros amamos a Michelle”.

En Charlotte, la muchedumbre de delegados, invitados, voluntarios y reporteros se disputaban un rincón para atisbar algo. Mientras, el presidente veía a su esposa en televisión con sus hijas desde la Casa Blanca e intentaba “no llorar”.

Sin mencionar al republicano Mitt Romney, Michelle buscó marcar un claro contraste con el inversor millonario con fama de no entender los problemas de los ciudadanos tanto como el presidente, según dice la mayoría en las encuestas. La primera dama recordó que Obama es el hijo de una madre soltera que sufrió para pagarse los estudios y el nieto de una mujer que se levantaba cada día al alba para coger el autobús y trabajar en un banco en el que veía cómo se quedaba atrás frente a sus colegas hombres. Michelle también habló de los créditos que ella y su marido contrajeron para ir a la universidad y cuyos pagos superaron durante años a su hipoteca. “Éramos tan jóvenes, estábamos tan enamorados… teníamos tantas deudas”, dijo, con una pausa bromista que encantó al entregado público.

La moraleja era que “Barack” y ella “entienden” el sufrimiento de los americanos en apuros en tiempos de crisis. “Al final, para Barack, estos asuntos no son políticos, son personales”, recalcó. “Barack conoce el sueño americano porque lo ha vivido, y quiere que todo el mundo en este país tenga las mismas oportunidades, sin importar quiénes sean, de dónde vengan, qué cara tengan o a quién amen”, proclamó Michelle, que también aprovechó para hacer una nueva declaración de amor ante la cámara.

En teoría, era una sorpresa para su marido, que no vio el ensayo del discurso. “No creía que fuera posible, pero hoy quiero a mi marido más que hace cuatro años…incluso más que hace 23 años, cuando nos conocimos”, dijo la primera dama, consciente del poder político de su relato romántico. Su historia sentimental ha fascinado tanto a los votantes que una asociación de comerciantes de Chicago ha puesto una placa en la esquina donde los Obama se besaron por primera vez.

Barack sigue siendo el mismo

En estos últimos cuatro años, Michelle ha hecho de guardiana de los valores que los demócratas decepcionados echan en falta y por los que ella misma se enfrentó a Rahm Emanuel, jefe de gabinete de Obama hasta 2010. Este martes insistía en que a su marido lo mueven los mismos principios que lo llevaron a la Casa Blanca:“Barack Obama sigue siendo el mismo hombre del que me enamoré hace todos esos años… Ser presidente no te cambia, revela quién eres”.

La primera dama aparecía mucho más cómoda ahora que hace cuatro años. De hecho, es difícil encontrar otra tan relajada en la historia electoral de EEUU. Y desde luego es la única que ha hecho una carrera de sacos en la Casa Blanca y una competición de ‘hula-hoop’ para animar a los niños a hacer ejercicio. En la convención de 2008, Michelle se justificaba para desechar la imagen de que era una afro-americana resentida con los blancos, en particular después de decir que la candidatura de su marido era el primer momento de su vida en que se había sentido orgullosa de ser americana. Ese año su popularidad rondaba el 43%.

Ahora, mientras su marido se ha hundido ante la opinión pública, Michelle apasiona a sus seguidores y es aceptada por parte de los detractores del presidente. El 66% de los estadounidenses tiene una opinión favorable de la primera dama y sólo una cuarta parte la critica. Es tan popular que el gabinete de Obama ha negociado votos con congresistas a cambio de que ella apareciera a su lado.Desde la primavera lleva unos 70 actos de campaña como “animadora” de masas.

Por eso el partido la ha elegido para lanzar la convención demócrata, que el martes terminó la jornada pasadas las once de la noche con el mayor subidón del día.

“Sólo quería verla a ella… Ojalá se acercara aquí”, explicaba Audrey, una delegada setentona de Illinois. “Es todo lo que queremos. Sus palabras son muy poderosas”, contaba Roberta Lange, delegada de Nevada y entusiasmada con las pocas menciones a los derechos de las mujeres. “Estamos electrizados”, canturreaban varias seguidoras a la salida. “¡Me encanta su vestido!”, repetía Lori, una joven hispana que no dejaba de hacer fotos donde apenas se veía un puntito fucsia.

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