23.3 C
San José de Las Matas
miércoles, octubre 27, 2021

Bosch: Origen y razón

Te puede interesar

Juan Bosch, referente ético y moral de los politicos Dominicanos.

Dedicado toda la serie de Bosch con gratitud a:

Mildred Guzmán Madera, Manuel Maceiras Fafián y Luís Méndez Francisco.

La sociedad dominicana olvida con facilidad su historia o la convierte en parodia al servicio de intereses espurios del presente. Comunicadores sociales formados con fotocopias y pseudo-intelectuales que no han leído un libro completo en su vida, pontifican sobre personajes y episodios de nuestra historia movidos por sus vísceras. El caso de Juan Pablo Duarte (1813-1876) es paradigmático, ha sido convertido en una pseudo-deidad, vacía de significado político, por la logia de los duartianos, y otros, xenófobos y racistas, inventan una caricatura de Duarte para justificar su desorden mental y emocional contra el hermano pueblo haitiano. En ambos casos no es el Duarte que descubrimos cuando estudiamos con rigor historia, pero como ninguno de los que hacen “opinión pública” estudian la historia, se convierten en propagadores de esas falacias y distorsiones. En el 2013 publiqué un artículo titulado Duarte en su contexto (Global, No. 50, pp. 30-39) donde precisamente me esforzaba en acotar los reales aportes de Duarte a la independencia dominicana fuera de los discursos idealistas y chovinistas.

Las víctimas de esas estulticias que se difunden sobre nuestros personajes y hechos históricos son los jóvenes que aceptan como buenos y válidos los argumentos descabellados que se propalan y en sus aulas usualmente sus maestros no tienen mejor formación que dichos voceadores. Un síntoma de esta anomia intelectual es la nula reacción al brillante texto -y premiado- del Dr. Pablo Mella sj, titulado Los espejos de Duarte, publicado en el 2013 en ocasión del bicentenario del nacimiento de Juan Pablo Duarte. Nos falta debate intelectual serio, nos faltan historiadores jóvenes bien formados y sobre todo un sistema educativo que forme en la disciplina del estudio riguroso y el pensamiento crítico. Abandonar nuestras juventudes, especialmente los más pobres que son la mayoría, a lo que se grita desaforadamente en la radio o se canta bizarramente en los “nuevos” tipos de música, compromete seriamente nuestra prosperidad y vida social en el futuro inmediato. 

Con Juan Emilio Bosch Gaviño (1909-2001) ocurre otro tanto, con el agravante de que más del 90% de los votantes dominicanos llevan años sufragando por candidaturas políticas que fueron “sus discípulos”, directos o indirectos, pero que su accionar desde el Estado muestran un divorcio abismal entre, de un lado las ideas y prácticas de los que se formaron con Bosch, y por otro lado las medidas públicas propuestas por Bosch en sus siete meses de gobierno y su  labor formativa mediante conferencias, exposiciones radiales, artículos y libros. A más de un amigo y varios conocidos le he escuchado proferir insultos contra Bosch en base a lo que han “oído” de él o los hechos de perredeistas, peledeistas y hasta perremeistas. La forma correcta de conocer a Juan Bosch, pero más difícil, es estudiar su obra escrita y analizar su actividad pública, la primera disponible en 40 volúmenes y la segunda esperando un trabajo meticuloso que está pendiente.

Mi tesis doctoral, defendida en el 2015 en la Universidad Complutense de Madrid, es un estudio de la evolución del concepto de democracia en toda la obra escrita no-literaria de Juan Bosch. Diógenes Céspedes dedicó tres artículos sobre ella, aquí mismo en Acento, en su columna Archivos Secretos, el 15 de abril, 6 de mayo y 3 de junio de este mismo año. Para alcanzar mi objetivo dediqué dos capítulos, el 3 y el 4, a construir una biografía de Bosch en su contexto social y político, tomando como parte-aguas, entre uno y otro capítulo, su llegada al país en octubre del 1961. Esta serie de artículos que inicio hoy, siempre con un título al que le antecede Bosch: es un esfuerzo de profundizar en el texto elaborado en mi tesis doctoral, ampliando mis análisis y las fuentes documentales. Si con este esfuerzo logro que más dominicanos y dominicanas se acerquen a una de las dos figuras más relevante del siglo XX dominicano, el otro indudablemente es Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), cumpliré con mi cometido. Lo escrito por un servidor no está esculpido en mármol y espero encontrar investigadores que cuestionen o corrijan mis resultados sobre Bosch, ya que pretendo hacer filosofía política, y no una apología o hagiografía del ilustre vegano.

Metodológicamente para estudiar a Bosch me inscribo en la Escuela de Cambridge, la denominada contextualismo, cuyos principales expositores son John Greville Agard Pocock (1924- ) y Quentin Robert Duthie Skinner (1940- ), ambos británicos. Su propuesta, de manera sintética, es que todo texto de la Historia de las Ideas Políticas debe ser analizado en el contexto de su autor y la sociedad donde se inscribe. Por tanto, no es posible entender la obra escrita de Bosch sin estudiarlo a él como individuo, y no es posible entenderlo a él sin analizar las sociedades y contextos donde vivió y actuó, geográficamente y a lo largo del tiempo. No se puede valorar de igual manera un texto escrito por Bosch en Cuba en 1940 que otro escrito en España en 1968 o en la República Dominicana en 1984. Tal como demuestro en mi tesis doctoral Bosch vivió una evolución de su concepto de democracia desde el 1955 hasta el 1990, revelándose tres grandes etapas. Pero ese será tema de las últimas entregas de esta serie. Por cuestión de intereses y urgencias intercalaré muchas veces otros temas en Veritas liberabit vos, pero seguiré la serie sobre Bosch hasta llegar al final de su biografía política.

Inicio entonces con el contexto en que nació Bosch. El siglo XX dominicano, como categoría histórica, comenzó el 26 de julio del 1899. Ese día, en horas de la tarde, en un pueblo de la región del Cibao llamado Moca, fue ajusticiado el dictador Ulises Heureaux (1845-1899), mejor conocido con el apodo de “Lilís”. Lilís representó la dictadura más moderna que tuvo nuestro país en el siglo XIX y uno de los liderazgos políticos más primitivos en sus usos y costumbres, ambas cosas a la vez. Varios textos nos ayudan a entender la figura de Heureaux: el libro de Sumner Welles titulado La dictadura de Ulises Heureaux, que es un trabajo editorial de Orlando Inoa basado en partes del libro de Welles llamado La villa de Naboth; la obra de Mu-Kien Adriana Sang Ben titulada Ulises Heureaux: biografía de un dictador del 1987 y La dictadura de Heureaux de Jaime de Jesús Domínguez. En su texto del 1988, llamado Dictaduras Dominicanas, Bosch relaciona la dictadura de Lilís y la Guerra de Independencia de Cuba con el surgimiento del sistema capitalista en el país: “El uso del poder dictatorial de Heureaux en la decisión de establecer el Ferrocarril Central Dominicano fue sin duda el factor determinante en los cambios que iba a conocer la población cibaeña, pero el desarrollo de la economía nacional se debería a la iniciación de la industria azucarera, con la cual comenzaría la etapa capitalista de la historia dominicana, y esa etapa se originó en un acontecimiento que al parecer no tenía nada que ver con la República Dominicana: la guerra de independencia de Cuba, que se extendió en poco tiempo por la mitad oriental de la isla y con ella comenzó la destrucción de fincas ganaderas, de cafetales y de ingenios azucareros”. Esta cita aparece en el volumen IX, página 331 de sus Obras Completas. Curiosamente Bosch nacerá en una sociedad forjada por una dictadura, la de Heureaux, y las consecuencias de la Guerra de Independencia de Cuba. Y es el Cibao su cuna de nacimiento y chispa motivacional de sus cuentos, y será Cuba su escuela de política. Pero Bosch no proviene de nuestra historia, sus progenitores vendrán desde Cataluña, Galicia y Puerto Rico, poco antes de la muerte de Lilís.

Volviendo al ajusticiamiento de Lilís. Los tiranicidas de ese 26 de Julio pasaron a ser actores relevantes de la historia dominicana durante los primeros 30 años del siglo pasado, el siglo XX, salvo el interregno de la invasión y ocupación de la República Dominicana por parte de la Infantería de Marina del gobierno de los Estados Unidos de 1916 al 1924, que impuso una dictadura militar foránea. Ramón Cáceres (1866-1911) y Horacio Vásquez (1860-1936), líderes y ejecutores del magnicidio contra Lilís, ocuparon la presidencia del país, el primero de 1906 a 1911, y el segundo en tres ocasiones, en 1899, de 1902 a 1903, y de 1924 al 1930. El gobierno de Ramón Cáceres, a quien todos llamaban “Mon”, representó el único periodo prolongado de estabilidad política entre la caída de Lilís en 1899 y la invasión de los Estados Unidos en 1916. Precisamente durante este gobierno de Mon Cáceres es que nace Juan Bosch. Horacio Vásquez en cambio le tocó el trágico papel histórico de cerrar una dictadura terrible (1899) y abrir otra peor (1930). En los dos casos fue su accionar consciente y directo el responsable de ambos hechos, más allá de los deseos que personalmente él tuviera cuando participó en el magnicidio de Moca o al decidir prolongar su periodo presidencial más allá del tiempo pautado cuando fue elegido presidente.

Retornando al origen biológico de Bosch, en 1896 no existía en nuestro país ningún antecedente que condujera a su existencia. Su padre llegó al país meses después del tiranicidio de Lilís, y su madre y su abuelo materno llegaron al país dos años antes de ese suceso, lo que significa que la familia paterna y materna de Bosch habían llegado a la República Dominicana no más de 12 años antes de su nacimiento. Para quienes hoy rechazan a dominicanos y dominicanas que llevan hasta dos generaciones en el país, y que dichos personajes fueron formados en el PRD o el PLD, y son muchos, ese simple dato del origen de Bosch debería darles vergüenza hasta los huesos. La dominicanidad no es un dato genético como piensan los nacionalistas xenófobos, ni siquiera un título nobiliario que se hunde en la historia, como pretendían los de “primera” del Club La Unión, es el amor por este pueblo y su destino, es la capacidad de sacrificarse por los más humildes, es rechazar la corrupción que le roba a los más pobres su pan, es condenar la riqueza ilícita de quienes pretenden ser los líderes de este país. No es de extrañar que hay un vínculo esencial entre el patriotismo de banderas, himnos, escudos y razas, y la corrupción. La esencia de Bosch no era la defensa de símbolos, sino el bienestar de todo el pueblo. Su moralidad personal no era un atavismo, sino la precondición necesaria para ser un auténtico líder de su pueblo, cuestión que casi ningún otro de sus “discípulos” puede exhibir y la gente común lo sabe. No es posible amar al pueblo y ser corrupto.

La formación recibida por Bosch, especialmente por sus maestros de la escuela hostosiana en su Vega natal, a través de toda su niñez y adolescencia, lo enraizó profundamente en los cuatro siglos de historia del pueblo dominicano y siempre expresó esas hondas raíces mediante su amor y servicio por este país y su pueblo, especialmente por los más pobres, los campesinos y las mujeres. Aparte de la República Dominicana los otros grandes amores de Bosch fueron Cuba, Puerto Rico y España. La mejor muestra de su amor por Cuba es el libro Cuba la isla fascinante y sobre sus otras patrias cito este fragmento de su discurso el 18 de noviembre de 1977 al inaugurar el local del PLD dedicado al patriota puertorriqueño Pedro Albizu Campos. Afirmó Bosch emocionado: “¡Yo soy mitad español, mitad puertorriqueño, entero dominicano y más entero latinoamericano!” (Guzmán, 2009, 203-204) La cita es del libro de Mildred Guzmán Madera, El Bosch que yo conocí. La próxima semana explicaremos la genealogía de la familia Bosch Gaviño.

Fuente: Acento.com.do

- Publicidad -spot_img

Noticias Relacionadas

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas Noticias