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domingo, agosto 1, 2021

Otra vez sobre el aborto voluntario y lo que abogados llaman sus “causales”

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Por: Pedro Mendoza.

Este mismo artículo fue publicado en LA INFORMACION en mayo del 2018.

Hasta hoy, todas las corrientes de la Psicología moderna, consideran que el sexo entre parejas heterosexuales adultas es una cuestión privada. Sin embargo, en todas las culturas, desde las milenarias hasta las primitivas o primarias como la cultura “jra” localizada  en el corazón de la selva amazónica, el incesto es  tabú y nadie cree que sea “un asunto privado”.

Desde la más remota antigüedad, las mujeres tienen abortos espontáneos y también provocados; lo mismo que en la sociedad mongol, igualmente en la sociedad dominicana.    No importa lo que opinen  o digan curas, obispos, pastores, leyes, códigos  o santurrones, en la RD miles de mujeres se han provocado abortos por diversas razones y lo seguirán haciendo pues siempre habrá embarazos que las mujeres no desearon y por tanto intentarán deshacerse de los mismos.

Mi bisabuela “Mamaleley”, era una preadolescente de 10 años cuando ocurrió nuestra independencia en 1844. Ella murió el 2 de enero del 1946 cuando yo tenía 8 años. En aquellos años era común que muchas mujeres de Altamira, mi pueblo, se provocaran abortos y recuerdo perfectamente bien la risa que a mi anciana bisabuela le provocaba las críticas de la gente contra las mujeres que  “botaban” barriga usando menjunjes caseros de todo tipo, pues ella nos contaba que para los días de su adolescencia, también las mujeres tomaban “remedios” para abortar. Según ella, en su tiempo hubo en Altamira, y me imagino que en toda la nación, dos remedios abortivos muy eficaces: 1) un té de la cáscara de roble con sal y 2) un emplasto caliente puesto sobre la vulva hecho de hojas de llantén, anamú y de  broza, aceite de higuera y sebo de Flandes. Todavía en algunas zonas rurales del país las mujeres  toman la tizana de la cáscara de roble para “botar” una barriga, a pesar de sus efectos tóxicos.

Pues bien, en todas las culturas vigentes hoy día, el incesto es inaceptable y nadie puede argumentar que es  “su asunto privado”.  Tampoco ninguna corriente psicológica lo defiende. El aborto provocado voluntariamente,  es decir, aquel que pone fin a la continuación del embarazo antes de  las 12 semanas de gestación  mediante  algún procedimiento  para  interrumpirlo por decisión de la misma embarazada por el simple hecho de que ella no deseó quedar embarazada o porque olvidó tomar la precaución contra el mismo. Un embarazo  en esa clase de contexto  es un “asunto privado”, pero  ¿cómo puede admitirse que  esa misma mujer recurra a un aborto voluntario porque luego de recuperar el buen juicio se dio cuenta de su mala decisión sin que exista un impedimento legal dizque porque eso es un “asunto  privado” de esa mujer?.  ¡Ah, pero así no!

¿Y si ocurriera una infección severa,  como una grave amnionitis que la lleve a una situación de shock séptico y su útero adquiera un estado pútrido donde la  muerte es inevitable  si no se interrumpe ese embarazo, pues la dejaremos morir para no violar una ley que dice que la vida humana empieza desde el mismo día de la concepción y por lo que la interrupción de ese embarazo es un crimen?  ¿Cómo alguien tiene forma de justificar su muerte ante sus niños huérfanos alegando que “sus pecados” la llevaron a esa situación y “la paga del pecado es muerte”, según las Sagradas Escrituras?

Señores, prolongar la vida de esa mujer “pecadora” tiene prioridad frente a la moral y leyes humanas porque esa “pecadora” es dadora y también cuidadora  de vidas humanas, y en eso, generalmente, es insustituible. No repitamos la historia del pueblo judío: criticaba a Jesús porque sanaba enfermos el día sábado pero callaba el cobro de impíos intereses los mismos días sábados por parte de los prestamistas.

Como en el incesto intervienen dos factores criminales, la intimidación y el quiebre de la confianza y conexión parental-emocional entre el criminal y la víctima, lo que  hace que el trauma vivencial sea permanente, médicos y psicoterapeutas lo rechazamos y condenamos definitivamente.

Pero por estas mismas razones y también por las taras biológicas que podrían derivarse, mi opinión es que cualquier embarazo producto de un incesto debe ser interrumpido antes de las 12 semanas cuando el parentesco sea de primer y segundo grados, es decir, el incesto entre padre e hija y entre hermano y hermana. Lo mismo diría si el embarazo resultare de una violación por su padrastro o de  un desconocido para la víctima  pero no así cuando el violador es un novio o expareja de la victima a menos que el “consentimiento” de la víctima ocurriera para salvar su vida siempre y cuando haya pruebas irrefutables de que su “consentimiento” sirvió para salvar su vida.

Lo que debe penalizarse  es que una mujer al tomar el  aborto voluntario como  un “asunto de su vida privada”,  recurra al mismo  cada vez que tenga un embarazo que sencillamente ella no desea aun sin tener un origen incestuoso  o que proceda de una agresión sexual.  Pues si no se le pusiera limite al deseo del aborto voluntario la tasa de mortalidad y morbilidad materna aumentarán considerablemente debido a que cientos de  mujeres, por ignorancia, vergüenza  o pobreza material,  se expondrán varias veces al año al riesgo de un aborto voluntario con todas las consecuencias de hemorragias, infecciones y muertes que conlleva sin contar con todo el sufrimiento psicológico que un aborto normalmente acarrea.

Fuente: LA INFORMACION

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