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martes, noviembre 30, 2021

De «luto» por ellas, por las otras, por nosotras…

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… no dejamos de consternarnos ni de llorar. Los corazones se hacen de terracotas para evidenciar a la muerte.

Por Ylonka Nacidit Perdomo.

Por Ylonka Nacidit Perdomo.

Iris Pérez Romero (Santo Domingo, 1967) es una creadora dominicana que está de duelo; más de dos décadas suman en su vida sentir de súbito un espanto que la aflige, que le trastorna su cotidianidad como artista, mujer y profesora en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Se queda por momentos estática en su taller, sin saber por dónde empezar a preguntarse los muchos porqués que no tienen respuestas cuando le asalta la noticia de que otra mujer ha sido asesinada, sea joven, adulta o anciana.

Me dice: «es que no me explico qué es lo que está ocurriendo en este país; todos los días matan a una mujer. Pero ¿Qué es lo que está sucediendo? Es una energía muy pesada, una carga espiritual muy pesada que siento. Hay que hacer algo, acciones que aunque pequeñas muestren donde cayeron asesinadas esas mujeres. Es como si tuviéramos que hacer una limpieza del lugar», a lo cual le contesto:-«Será que quieres decir exorcizar; pero ya esto no es asunto de dar las mismas explicaciones de siempre, hacer más de lo mismo. Somos cada una, las que tenemos un poco de consciencia, las que debemos continuar accionado, mostrando a través de otras acciones este estado de sitio en que vivimos las mujeres en este país.»

 Iris Pérez Romero me ha emplazado diciéndome: «Es que, ¡es fuerte!, ver esas imágenes, esas fotografías de esos feminicidios. Tú creías que yo no iba a tener el valor, pero en cada lugar donde ha sido asesinada una mujer en este año, voy a hacer una liberación de sus almas para que puedan ascender a la luz.» A lo cual le respondo: «Estoy de acuerdo contigo: no conocemos las miradas de ellas ni las estelas funerarias que están en sus tumbas; pero sí, Iris, siento el silencio, lo lúgubre que encierran en sus nombres. Y entiendo, que es de ese silencio que fluye, que experimentamos aflicción y dolor.»

Las acciones que lleva a cabo, Iris, para mostrar la cruel realidad de los crímenes de género contra las mujeres, se han ido realizando en distintos espacios, tanto aquí en la ciudad capital como en el interior del país, así como en el exterior, en lugares que Iris ha recorrido con su mochila al hombro para conocer iguales clamores y denuncias de colectivos que no dejan de demandar justicia y, mayor atención por los Estados a los derechos humanos de las mujeres.

Es esta la razón por la cual, Iris al tener la compresión de que el asesinato de una mujer no puede verse como un suceso más de la prensa amarilla y sensacionalista de su país, la Republica Dominicana, que hoy aparece como el país de Latinoamericana que ocupa la primera posición de feminicidios, consternada nos dice: «!Hay que hacer algo! Hago lo que me corresponde; siento que me duele todo el cuerpo; esto es muy fuerte. He dado seguimiento por años a la violencia intrafamiliar, a los abusos contra los niños, al tráfico de mujeres, pero esto de los feminicidios ya me tiene pasmada. Es como una trompada a la cara que una recibe a diario, y que derriba a una. ¡Caramba! Y a ¿dónde es que vamos a llegar?»

Reflexiono, y me digo a mis adentros: El epitafio de una lápida tampoco es lo último que se narra sobre un cuerpo inerte, puesto que ¿lo eterno?, estará ahí, en sus osamentas, y se hará ritual que se desprenderá como viento.

Ya en estos días, en los cuales se realizan las actividades conmemorativas del Día de la No Violencia contra las mujeres, visito el taller de Iris Pérez. Ella me compartió lo que tuvo  proyectado hacer como una acción en la jornada programada como La Marcha de las Mariposas. Me muestra lo que he llamado sus ofrendas a esas 70 mujeres, «las que mataron», sin contar las que han sido víctimas de intentos de homicidios, o han quedado en condiciones especiales, que  aparecen como estadísticas oficiales de los feminicidios.

Observo cómo laboran sus manos sobre una mesa de su taller.  Empieza al caer la tarde, continúa en la noche, y sigue en la madrugada. Sus manos van disponiéndose a crear terracotas, a moldear el barro, sus acciones, donde no solo evocará sus nombres a través de una materia (el barro), y dejará escrita las agonías finales de ellas.  A medida que esta creadora va moldeando el barro le recuerdo: «Iris: es la caída súbita de ellas sobre la tierra lo que muestras como un derrumbe, como un precipicio al que caen», y a seguidas reflexiono muy para mí: «Las que se fueron no pudieron   alborotar su pelo, antes de la partida, para verse reflejada en el espejo, o, para abrazarse al viento o a la brizna viva que la conduciría a su desnudez cósmica.»

Las mujeres que emprendieron la partida involuntariamente, no solo son víctimas, pero tampoco son estatuas; son absolutas esencias que fueron empujadas a la desflorescencia final que rozó sus pechos en la gravedad del vacío.

Luego d esta reflexión le pregunto a Iris: ¿Qué podemos atribuirles a ellas como imagen de su posteridad y de su in-posteridad, ya que no están despiertas para narrarnos sus historias de vida? ¿Dónde quedó su vitalidad, dónde se posó el ave que traía sus sueños, dónde quedaron sus latidos, dónde la indiferencia que se hizo lecho de sangre para estas mujeres que no llevaron consigo sobre sus cabezas, en su viaje celestial, una corona de mirto?

¿Qué nos queda de ellas? A lo cual Iris responde de inmediata:-«Solo un corazón que se ofrece en custodia, de nuestras hermanas.» A lo cual le contesto, teniendo un corazón entre mis manos, de los que hace Iris con las suyas: -«Un corazón para escuchar en todo momento la canción de cuna que las acompaña, a esa otra localidad donde las quimeras se hacen vasijas para que los afectos de las otras los guarden.»

Al estar hora tras hora, pendiente al trabajo de alfarera celeste de Iris Pérez, llego a la conclusión de que, la única victoria conocida sobre la misteriosa muerte es el recuerdo, o,  tal vez,  la única faz que permanece de ella, serán las terracotas que las manos de Iris moldean como  un corazón.

Los corazones de nuestras hermanas, creados por Iris Pérez Romero,   son de barro puro extraído de la tierra virgen de las montañas del Cibao dominicano, los cuales se entrelazan con la energía vital del universo femenino que se hace naturaleza, y se hace urdimbre de líneas. Están –los corazones irianos de ellas- en estado de sollozar, de orar sin aferrarse a nada, solo al luto.

Los corazones irianos de ellas, creados por Iris, son para que nuestras hermanas renazcan, de nuevo, ante el clamor colectivo de no ser indiferentes a sus partidas; perduran y no-perduran materialmente, porque son de arcilla, de la arcilla que se pulveriza, de la arcilla a la cual retornaremos en algún momento; son corazones rasgados por las líneas que contienen sus nombres de manera individual.

PERFIL DE IRIS PÉREZ ROMERO. La creadora y artista visual dominicana Iris Pérez Romero realizó sus  estudios superiores de Arte en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en donde actualmente es profesora,  y ha sido premiada por su labor docente. Graduada como Licenciada en Artes Plásticas (Cum Laude) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), se ha especializado en cerámica, grabado e historia del arte, mediante cursos y talleres realizados en varias instituciones del país.

 Este contenido fue publicado primero en Acento.com.do. Clic aquí para ver la información completa. 

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