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domingo, noviembre 28, 2021

«Poética del amor en San Valentín», por Patricio García

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Es como una antorcha en las tinieblas: ella es el día.

Cuando aparece, se alzan las auroras.

Con sus brillos los soles reverberan

y la luna sonríe, si sonríen sus ojos.

Cuando su mirada relampaguea,

todos los ojos se cubren de lágrimas.

(“Cantos de amor árabes” (I), de las Mil y una Noches)

I.

PATRICIO GARCÍA POLANCO Lingüista y profesor universitario.

Sí, estamos en celebración de San Valentín, día consagrado al amor y a la amistad, que, en definitiva, son ramas de un mismo tronco.

Y aunque creo que el amor más auténtico no es el que se celebra pomposamente, sino el que se da discretamente, sin aspavientos ni exhibicionismos, muy distinto a esas relaciones empalagosas que muestran las revistas del corazón y los espacios faranduleros de la prensa escrita y televisiva (ahora amplificados por las redes sociales). En San Valentín y en las otras grandes celebraciones que marcan el calendario anual, todos acabamos sucumbiendo a la gran avalancha del consumismo, impulsada por las grandes empresas comerciales. De todos modos, es válida una celebración “sanvalentiniana” cuando se hace con autenticidad, sin ánimos de impresionar,no por el simple hecho de llenar unas expectativas y cumplir con un requisito.

Para no contravenir el ritual de la fecha, llevaba varios días hurgando en distintos libros, detrás de textos poéticos de contenido amoroso. Hay muchos, pero uno siempre desea encontrar una gran variedad para escoger aquellos que más se ajusten a nuestrasensibilidad y al gusto de nuestros potenciales lectores.

En verdad hay mucha poesía inspirada en el amor. Desde los tiempos más remotos se escribieron importantes textos líricos de contenido amatorio, incluso erótico. Una incursión por la literatura antigua (verbigracia, el Eclesiastés bíblico, las Mil y una noches…), partiendo desde el mismo inicio de la vida en comunidad, servirá para corroborarlo. Actualmente se conservan textos poéticos adscritos a esa temática de un período tan remoto como la época sumerio-babilónica, justo el tiempo y el lugar en que inició nuestra primera civilización.

En nuestro tiempo, la poesía romántica es cultivada de manera un tanto marginal, por no gozar del prestigio de otros temas, como –por ejemplo–problemas sociales y existenciales. Hay un bardo español de la Generación del 27, que no es muy conocido por estos submundos: Pedro Salinas. Este autor se decantó por una poética predominantemente amorosa, y su compañero de generación, Jorge Guillén, al prologarle una edición de sus Poesías completas escribió: “Era fatal que la poesía de Pedro Salinas culminase en el tema amoroso” (Guillén, 1991: 76). Empero, a mi parecer ningún tema está agotado o es poco relevante; todo depende de la altura a la que pueda ascender un poeta al componer su texto, evitando caer en lugares comunes.

Hay poemas de amor de una extraordinaria belleza, que resaltan los atributos y las bondades del ser amado. Algunos son muy pasionales; otros proclaman un amor más espiritual que físico: se centran en los valores inmateriales que distinguen al ser amado. Hay los que reflejan un grado de enamoramiento que raya en la locura. Y hay los que refieren unsentimiento más sosegado.

Pero la poesía amorosa no se circunscribe al texto escrito. La música, excepto el ruido que impropiamente llaman“música urbana”, está llena de poesía. De verdadera poesía envuelta en acordes: “No hablemos de amor, /dejemos los corazones /latir en armonía/con la paz de la tarde”. […] “Escucha, llueve música del cielo, /toma las estrellas en tu mano /nada es imposible en esta noche /para los dos” (Salvatore Adamo, baladista italiano).

Si amamos y somos correspondidos, el universo entero sonríe para nosotros. Pero cuando el desdén del ser que amamos nos hiere, no quisiéramos que esa mujer idolatrada, sea tan perfecta. Nos molesta la delicadeza de sus rasgos: su rostro, su sonrisa, su pelo, la marmórea simetría corporal… Vapuleados por su desdén o por sus enojos, la quisiéramos menos perfecta, disminuida en esa belleza que nos seduce. Y si nos quedan dudas de que es así, Silvio Rodríguez nos lo dirá poéticamente: “Ojalá se te acabe / la mirada constante / la palabra precisa /, la sonrisa perfecta /. Ojalá pase algo / que te borre depronto:/ una luz cegadora, / un disparo de nieve…”.

Este contenido fue publicado primero en Acento.com.do. Para leer el artículo completo, haga clic aquí.

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